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El artista que escribe como Borges

Fabio Kacero. Foto: Andres D'Elia

Fabio Kacero. Foto: Andres D’Elia

Patricia Kolesnicov escribe:

No hay, no hay presencia argentina sin Borges y aquí está Borges, su caligrafía pequeña. ¿O no? ¿O casi?

La obra, que se exhibe en el stand de la galería Ruth Benzacar, se despliega en dieciséis hojas manuscritas. Y si uno mira, si pega la ñata contra el vidrio de la vitrina, verá que lo que está escrito es, justamente, el cuento Pierre Menard, autor del Quijote, en el que un escritor francés, Menard, escribe, letra por letra y coma por coma, un par de capítulos de la obra de Cervantes. No lo copia, dirá Borges, porque Menard no puede “ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII”. La circunstancia en que se escribe, parece postular Borges, cambia el texto, las elecciones tienen otros motivos y otros significados.

Pero lo que se vende acá -por 22.000 dólares- no es el manuscrito de Borges sino el manuscrito que hizo un artista plástico, Fabio Kacero, que nació en Buenos Aires en 1961. Se llama Fabio Kacero, autor del Jorge Luis Borges, autor del Pierre Menard, autor del Quijote.

Todo empezó, dice Kacero, cuando leyó una revista que proponía: “Cámbiese a usted mismo cambiando su letra”. Y le pareció buena idea.

“Claro -dice Kacero- cambiás algo afuera listo, para qué tenés que hacer psicoanálisis durante años… Entonces decidí cambiar algo afuera para cambiarme a mí mismo. Los artistas siempre estamos disconformes, queremos cambiar. Y no había manera de cambiar mi letra, no me salía. Se me ocurrió copiar la letra de otro. Y tenía un facsímil de Lewis Carroll, otros ejemplos . Llegué a la letra de Borges. Fui copiando y entonces pensé en Pierre Menard, la apropiación de la apropiación. Da, pensé, con la letra de Borges, todo. Y ahí está. Copié el Pierre Menard…”

La historia no termina ahí. “La idea es que si copiás la letra de otro podés incorporar características de otro. Entonces pensé que podía incorporar la idea de escribir pero también la de quedarme ciego. Yo ya venía escribiendo… después de esta obra publiqué un libro de narrativa, Salisbury, y ahora voy a publicar otro, en editorial Mansalva. Se desarrolló en mí la cosa de escritor… ahora estoy escribiendo más que ninguna otra cosa. Como si la literatura fuera una escala del arte conceptual. Entonces me quedo con el texto, con la literatura.” En el espacio de Ruth Benzacar también se ven otras obras del artista. La letra entró, tanto entró que Kacero, efectivamente, cambio su letra. “Y ahora es muy parecida mi letra a la de Borges. Me quedó la letra de Borges…”

“Borges no odiaba la cultura española…”

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Borges no odiaba la cultura española, de hecho adoraba a Quevedo o a Cervantes, pero su distancia desde el otro lado del Atlántico le permitía censurar “la España del refranero y del haragán”. Y es que Borges regresó a Argentina en 1921, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro, donde publicó esporádicamente. Escribió poesía lírica centrada en temas históricos de su país, que quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929).

Los temas y motivos de sus textos son recurrentes y obsesivos: el tiempo (circular, ilusorio o inconcebible), los espejos, los libros imaginarios, los laberintos o la búsqueda del nombre de los nombres. Lo fantástico en sus ficciones siempre se vincula con una alegoría mental, mediante una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico.

Su obra, exigente con el lector por su complicada comprensión debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. El propio Borges describía su producción literaria de este modo: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”

“La angustia es el más penoso e insoportable de todos los afectos…”

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Araceli Fuentes escribe:

“La angustia es el más penoso e insoportable de todos los afectos y cuando la encontramos en las consultas clínicas está ya en un estado desarrollado. Constatamos también las diferencias entre las personas a la hora de poder soportar un mayor o menor grado de angustia. A veces puede petrificarnos y otras empujarnos a un pasaje al acto, incluso al pasaje al acto suicida.

Para los psicoanalistas la angustia es esencial en la experiencia clínicaporque es la vía por la que un sujeto puede aprehender algo sobre su ser de goce, es decir sobre su manera de gozar en la vida. Tanto de aquello que le hace sufrir, y de lo que él goza sin saberlo, como sobre su deseo inconsciente. Sin la angustia, no sabríamos nada sobre el deseo ni sobre el goce.”

«El goce femenino no es exclusivo de las mujeres»

LUIS SALVADOR LÓPEZ HERRERO, PSICOANALISTA

LUIS SALVADOR LÓPEZ HERRERO, PSICOANALISTA

Luis Salvador López Herrero entrevistado por Cristina Fanjul:

Luis Salvador López Herrero dirige desde hoy y hasta el próximo mes de diciembre el seminario Goce femenino y creatividad, un proyecto con el que intenta bucear en el inconsciente de la mujer, en cómo éste ha ido cincelando la creación femenina a lo largo de la historia. El Aeroclub acoge hoy desde las 10.30 horas la primera de las conferencias.

—¿Qué entiende este seminario por goce femenino?

—Si bien el goce, en psicoanálisis, no debe ser confundido con el placer, puesto que el goce es, siguiendo a Lacan, ese empuje que va más allá del principio del placer que Freud teoriza, sin embargo, es precisamente esta vertiente la que permite teorizar de manera radical la posición del sujeto en su relación con el inconsciente, de un modo masculino o femenino. En este sentido, el goce femenino estaría en relación con un tipo de goce inefable que no entra en la dialéctica del órgano, sea éste masculino o femenino. Sería así un tipo goce que no se deja circunscribir por el cuerpo y del que, como apunta Lacan, se puede sentir pero difícilmente ubicar con palabras. En otros términos, es el goce al que muchos poetas aspiran a poder nombrar en esa búsqueda de lo imposible de decir.

—¿Es la creatividad de la mujer divergente de la masculina?

—No, la mujer está sometida a las mismas tensiones que los hombres en el encuentro con el proceso creativo. Ahora bien, tengo la impresión, y es el cometido de todo este seminario, que tanto los hombres como las mujeres, para poder cernir algo nuevo que introduzca cierta constancia, necesitan de una articulación con un tipo de goce que no entra en la dialéctica de la ley, del orden y de la regularidad, que es más bien predominio de la lógica masculina, y ese goce sería propiamente femenino.

—¿Hasta qué punto la sociedad ha tratado de impedir la creación de la mujer? ¿Con qué fin?

—Por cuestiones históricas ya conocemos la narración de la segregación de las mujeres a través de multitud de episodios, y de libros que analizan fehacientemente esta vertiente de exclusión en todos los ámbitos sociales y culturales, y el campo artístico o científico no iba a ser algo diferente. De ese modo, a las mujeres no les quedaba otro ámbito de creatividad, que el de la experiencia de la maternidad, esto es, el misterio de cómo se gesta un ser nuevo. De ahí la importancia que siempre se ha otorgado en todas las culturas a la maternidad. Lo cual no deja de ser también un modo de control de las mujeres, que encubre, en cierto modo, toda esa angustia que genera lo femenino en los hombres.

—¿Tiene la mujer una manera diferente de utilizar las palabras?

—Sí, por supuesto. La mujer en su relación con lo femenino tiene una mayor fluidez y sintonía con el lenguaje verbal y corporal. Pero lo más importante, quizá, no es el abordaje de las palabras sino el manejo del silencio, esto es, la premisa con la que se acerca para abordar la lógica del no-todo, que es una lógica específicamente femenina.

—¿Qué quiere decir exactamente con el manejo del silencio?

—Aunque las mujeres hablan y hablan para hacer despertar una palabra en ese otro masculino que permanece tan mudo, sin embargo, su manejo del silencio es estructural a un goce femenino del que nada sabe salvo que lo experimenta. De ahí el misterio que nos produce, por ejemplo, la sonrisa de la Gioconda.

—¿De qué manera su evolución biológica ha permitido un desarrollo diferente del lenguaje?

—No creo que sea un tipo de evolución biológica sino más bien de relación con ese lenguaje que nos atrapa y nos obliga a hablar para intentar comunicarnos, y que es la causa del inconsciente humano. Las mujeres hablan con mayor fluidez, gesticulan de un modo más abierto y manejan los sentimientos con el cuerpo, de una manera completamente diferente a los hombres, y esto se debe en rigor a su relación con lo inconsciente.

—¿Cuándo las mujeres quieren decir algo logran decirlo? ¿Y los hombres?

—Lamento desilusionar en este sentido. El lenguaje es un instrumento de goce y de malentendidos, que afecta por igual a ambos sexos. «No hay relación sexual» es un aforismo lacaniano que anuncia que no hay armonía ni equilibrio posible entre los sexos, que hay una barrera que nos separa de modo inexorable, y esa barrera viene mediatizada por la incompletud del lenguaje y el cuerpo.

—¿Hay más femeninos inefables que masculinos?

—Si la vida es un misterio al que ninguna palabra puede poner un broche final, y por eso hablamos y hablamos continuamente, lo femenino, por antonomasia, es lo que más se nos aproxima a todo ese esfuerzo por capturar la última palabra más allá de lo que ya está escrito. Ahora bien, aún cuando no hay palabra posible, y este es el esfuerzo titánico del poeta, sí hay un goce inefable que rompe con la noción de completud al que sólo, desde esa posición femenina, pueden acceder tanto los hombres como las mujeres.

—¿Es la mujer diferente al hombre desde el punto de vista del subconsciente?

—Por todo lo señalado es evidente que sí, que en las mujeres no todo goce se articula en la vertiente masculina o fálica. Dicho de otro modo: hay un goce específico femenino que no se deja capturar en las riendas de lo masculino, de lo fálico. Y tal vez por eso los hombres, los machos, siempre han querido segregar o mutilar, en función de las culturas, esa presencia enigmática y maldita.

—Pitonisas, brujas, escritoras… ¿quiénes las representan en la actualidad?

—Me consta quiénes no la representan. Desde luego, y es una hipótesis de trabajo, la globalización y el empuje igualitario entre los sexos, tan necesario en lo social, ha configurado un tipo de mujer que parece estar más cerca de los ideales de lo masculino, de lo fálico, que de ese goce femenino al que antes aludimos. Mi impresión es que hay que alejarse del mundo fálico y adentrarse en esta incógnita de la feminidad para bordear toda esta dimensión a lo que apunta lo creativo. Para ello hay que elegir un tipo de camino en donde se precie la soledad y la ruptura con las amarras de lo convencional como instrumentos de orientación.

—¿Cómo articular entonces las mujeres con la creatividad?

—La vida puede entenderse como una regularidad que se ve asaltada por imprevistos, que generan a su vez nuevas regularidades. Los hombres están del lado de las reglas y de las leyes; las mujeres de los imprevistos que cuestionan el saber, y esto tiene que ver con lo creativo.

—Cuénteme alguno de los casos clínicos que vaya a utilizar en el seminario.

—No, no es un caso clínico sino una premisa novelada. Un psicoanalista que lo abandona todo y se lanza en soledad a investigar un empuje desconocido que le permita abrir una puerta nueva e insospechada ¿Le recuerda algo?

—Al protagonista de ‘El infierno de los malditos’…

Se pregunta Luis Salvador si en una época aún sin nombre que tiende a borrar la frontera entre los sexos es posible seguir hablando de lo genuinamente femenino. El psicoanalista mantiene que sí, pero advierte de que la cultura masculina ha ‘intoxicado’ la imagen que las mujeres tienen de sí mismas.

Muere Jacinto Benavente/ Video

Jacinto Benavente

Jacinto Benavente

Muere Jacinto Benavente/ Video.