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La carta más triste de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo

Alejandra Pizarnik

Días previos a su muerte, Alejandra le escribió una carta a Silvina Ocampo —escritora y esposa de Bioy Casares— por quien sentía un amor descomunal. Una carta estremecedora, excesiva desde todo punto de vista, en la que le recuerda que la ama “sin fondo”, le dice que querría tenerla desnuda a su lado leyéndole un poema, y después, en el colmo de la exaltación amorosa y el patetismo, le ruega que le haga un “lugarcito” en ella, que la ayude, que la cure, que no haga “que tenga que morir ya”.

Tristísimo día en que te telefoneé para no escuchar sino voces espúreas, indignas, originarias de criaturas que los hacedores de golems hacían frente a los espejos.

Pero vos, mi amor, no me desmemories. Vos sabés cuánto y sobre todo sufro. Acaso las dos sepamos que te estoy buscando. Sea como fuere, aquí hay un bosque musical para dos niñas fieles: S. y A.

Escribime, la muy querida. Necesito de la bella certidumbre de tu estar aquí, aquí abajo; sin embargo, yo traduzco sin ganas, mi asma es impresionante (para festejarme descubrí que a Martha le molesta el ruido de mi respiración de enferma). ¿Por qué, Silvina adorada, cualquier mierda respira bien y yo me quedo encerrada y soy Fedra y soy Ana Frank?

El sábado, en Bécquar, corrí en moto y choqué. Me duele todo (no me dolería si me tocaras –y esto no es una frase zalamera). Como no quise alarmar a los de la casa, nada dije. Me eché al sol. Me desmayé pero por suerte nadie lo supo. Me gusta contarte estas gansadas porque sólo vos me las escuchás. ¿Y tu libro? El mío acaba de salir. Formato precioso. Te lo envío a Posadas 1650, quien, por ser amante de Quintana, se lo transmitirá entre escogencia y escogencia.

Les envié así un cuaderniyo venezolano con un no sé qué de degutante [desagradable] (como dicen Ellos). Pero que te editen en 15 días.

Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.

Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo sin fondo. A él lo amo pero es distinto, vos sabés, ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette, pronto te escribiré. Sylv, yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí, tan lozana, me oprime. Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves lo sexual es un “tercero” por añadidura. En fin, no sigo. Les mando los 2 librejos de poemas póstumos –cosa seria—. Te beso como yo sé, a la rusa (con variantes francesas y de Córcega). O no te beso sino que te saludo, según tus gustos, como quieras.

Me someto. Siempre dije no para un día decir mejor sí.

Sylvette, sos la única. Pero es necesario decirlo: nunca encontrarás a nadie como yo. Y eso lo sabés (todo). Y ahora estoy llorando. Sylvette, curame, ayudame, no es posible ser tamaña supliciada, Sylvette, curame, no hagas que tenga que morir, ya…

Tuya:
Alejandra…

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Fiona Sampson’s Limestone Country “reveals how the rocks under our feet shape every aspect of human existence…”

Fiona Sampson

John Burnside writes in The New Statesman:

At 15 I was too foolish to take an interest in geography; if I had, I would have known that this beautiful object was “the map that changed the world”, paving the way for Darwin’s theories and revolutionising the study of geology. It was created by William Smith, a blacksmith’s son whose life was dogged by betrayal and poverty (including a spell in debtors’ prison), but who, in later life, gained something of the recognition he deserved.

 I was prompted to remember Smith while reading Fiona Sampson’s lyrical and highly insightful Limestone Country, in which she describes four limestone landscapes – in England, France, Slovenia and Jerusalem – and the various ways people live with and relate to them. The book reveals how the rocks under our feet shape every aspect of human existence, from agriculture and art to our emotional and psychological weather.

Sampson concentrates not on the chemistry and physics of what she calls “the cannibal earth reconsuming her own”, but on how the geological terrain governs our imaginings and our potential – and how an engagement with limestone landscapes offers all manner of rewards, from the fine wines of the Périgord, to the spiritual revelations of the Holy Land and, most importantly, a deeper appreciation of the environment as a whole. “Really living in these landscapes means paying radical attention to how they behave,” she says.

“Para Janis Joplin”” de Alejandra Pizarnik traducido por Suzanne Jill Levine

Alejandra Pizarnik

“Para Janis Joplin”” de Alejandra Pizarnik traducido por Suzanne Jill Levine.

“Era una persona que escribía al borde del abismo todo el tiempo”: Ivonne Bordelois sobre Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Ivonne Bordelois entrevistada por Sergio Kisielewsky:

–¿Usted venía venir el final trágico que tuvo?

–Ella era un persona que escribía al borde del abismo todo el tiempo, ella estaba al borde del abismo. En París la habitaba una especie de energía, fue un momento muy bueno y cuando ella volvió tienen mucho éxito sus libros de poemas, obtiene el Premio Municipal de Poesía, algo extraordinario, al fin y al cabo ella era muy joven y no tenía tanta obra publicada. Ahí ella se afirma y empieza a tener un grupo de admiradores que están cerca de ella o de colegas como Manuel Mujica Laínez y poco después obiene la beca Guggenheim y se va a Estados Unidos. Quería volver a París pero Cortázary Paz estaban envueltos en las polémicas sobre la Revolución cubana y las peleas con Vargas Llosa y no había tanto lugar para ella. Llega a París y hay un desencanto, ya no hay ese clima de años antes, estaban en otra cosa, vuelve y al poco tiempo se muere el padre y fue un golpe tremendo para ella, adoraba al padre y lo trataba pésimo, muy bipolar. Ahí empieza un poco el derrumbe. El otro tema es que desde adolescente se había acostumbrado a tomar anfetaminas para estar delgada y también tuvo varios desencuentros amorosos. Yo me había ido, con Onganía me quedé sin trabajo en la Universidad y me fui a Estados Unidos. Algo tenía que hacer y ahí empieza la segunda parte de la correspondencia que es mucho más intensa, que duró hasta 1972, cuando ella murió. Antes se había ido  achicharrando poco a poco. Aún así las cartas son preciosas aunque se empieza filtrar un desencanto. Allá se afianzó y acá había escrito los libros tremendos de ella como “La condesa sangrienta” y  “Extracción de la piedra de la locura” y se veía que había una especie de encontronazo con el lenguaje, una desarticulación, una tendencia a lo obsceno que antes no aparecía, toda una especie de revolución íntima en ella y eso mismo la fue llevando a sótanos cada vez más negros y ya la gente que la rodeaba, que la quería mucho, como Olga Orozco y Enrique Pezzoni no la podían contener. Cuando empieza a tener síntomas muy avanzados de deterioro, la internan en el Hospital Pirovano pero la internación era ambulatoria y los fines de semana la dejaban salir y en una de esas salidas se quitó la vida.

Interlitq publishes new poetry by Kevin Dobbs

Kevin Dobbs

Interlitq publishes new poetry by US poet Kevin Dobbs (“Poetic Voices” series).