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“…un marido genera 10 veces más stress que un hijo”

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Luciano Lutereau escribe:

Recientemente vi en la televisión un documental sobre fertilización, en el que una mujer comentaba la decisión de tener un hijo “sola”. No le faltaba una pareja. No le faltaba nada. Pero era algo que no quería compartir. Literalmente, dijo que le “daba paja” la vida familiar con un hombre. En última instancia, así se reservaba la última palabra. Nadie le puede decir nada sobre su hijo. Su autoridad es absoluta…

 ¿Quién podría juzgarla? No está ni bien ni mal. Es una elección. Hacia el final ofrecía un detalle cuyo valor clínico es precioso (y preciso): antes del embarazo, se compró un perro para practicar. Un hijo puede sustituir al falo, también a una mascota. El niño como “Tamagotchi” es parte de lo que hace tiempo vengo llamando “clínica del soltero”, es decir, una descripción de las posiciones de aquellos que bien pueden no rechazar la pareja, pero sí la realización subjetiva a través del encuentro con el otro sexo (en Otro).

 Veámoslo con otro caso. Esta vez más general. Todo varón conoce la dificultad de sacar a bailar a una chica. El corto de Martín Piroyansky “Un juego absurdo” (2009) lo demuestra: por un lado están los muchachos, por el otro las mujeres y, en el medio, el deseo. La iniciación sexual está mediada por esa tensión que hace del encuentro algo contingente, que requiere la puesta a prueba de la potencia y, eventualmente, la precipitación de un síntoma (como la vergüenza).

Ahora bien, en “El baile de los solteros” (2004), Pierre Bourdieu se ocupa de la posición de aquellos hombres que no bailan, y se quedan al margen, que miran. Son “incasables”, dice. Están excluidos del “mercado matrimonial”, agrega. Es atractiva la idea del matrimonio como un “mercado”. El sociólogo advierte que en Bearne son los primogénitos los que ocupan ese lugar. En otro tiempo, hubieran sido candidatos inmejorables. No obstante, los tiempos cambiaron con el desarrollo de las ciudades y las industrias, y a los hombres “arraigados” les bajaron el precio, porque el matrimonio ya no vale como alianza en el contexto de la modernidad desarrollada.

Es valiosa la ecuación que se produce: el que queda nombrado por una herencia, en tiempos de la decadencia del patriarcado, sintomatiza el matrimonio. Los solteros no bailan porque, como dice una canción de Café Tacuba: “El amor es bailar”.

Consideremos un último punto. Según un estudio de la Universidad de Michigan, tener un marido genera una carga extra de 7 horas semanales de trabajo. La Organización Mundial del Trabajo, en el 2016, afirmó que un marido genera 10 veces más stress que un hijo. Estamos hablando siempre de un marido “normal”, porque si a esto le agregamos que podría tratarse de un vicioso (alcohólico, fanático de Racing, lacaniano) las cifras se disparan. Sin duda, esto hace del matrimonio (única manera de consagrar la unión con un marido) una elección poco conveniente. Podríamos bromear y decir que es preferible el giro neoliberal y tercerizar el servicio, flexibilizar el modo de contratación, anular el convenio colectivo del amor conyugal.

De acuerdo con cierta orientación contemporánea, es importante avanzar en el cuestionamiento del patriarcado, pero no de manera ingenua, dado que en nombre del deseo podemos realizar el sueño del individualismo burgués y capitalista. Si el deseo no destituye al sujeto, es mero cálculo, la más básica de las formas masculinas de sexualidad: la “paja colectiva” del adolescente varón. Desde mi punto de vista, no se trata de liberarse sino de buscar otras formas de compromiso con el otro.

Para concluir, si la Organización Mundial del Trabajo sostiene que un marido causa 10 veces más stress que un hijo, es porque se supone que un marido es comparable con un hijo. En efecto, sólo para una madre vale esta suposición, lo que demuestra el carácter machista del informe (a pesar de su intención progresista), que sólo piensa a la mujer a partir de la demanda. Pero no sólo es machista, sino también normativo, ya que reprime el deseo que podría llevar a una mujer a “adoptar” a un hombre. ¿Qué prejuicio menosprecia que un hombre pueda reencontrar en una mujer algunas huellas maternas? Eso es la histeria y su queja: “Soy tu mujer, no tu mamá”, que absolutiza lo femenino como algo opuesto a la maternidad. Esta cuestión nos devuelve al caso del principio.

“Pensar a Borges desde una perspectiva religiosa se presenta también como una posibilidad completamente lógica”

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Pablo Gianera escribe:

El trabajo intelectual alrededor de Jorge Luis Borges y su literatura (ese cuerpo de poemas, cuentos, ensayos, entrevistas y aun anécdotas) se revela cada vez más como una misión interminable. La teoría literaria fue la primera avanzada, pero otras áreas siguen abiertas. Pensar a Borges desde una perspectiva religiosa se presenta también como una posibilidad completamente lógica. En ese sentido, la pertinencia de centrarse en Borges para inaugurar las actividades en la Facultad de Derecho del Atrio de los Gentiles, parte del Foro Ecuménico Social, está fuera de discusión. Así quedó también claro en el mensaje del papa Francisco que leyó el cardenal arzobispo de Buenos Aires Mario Poli. Francisco señalaba allí que Borges constituye una “base propicia para el diálogo cultural y el intercambio de ideas… para entender al hombre y su apertura a la trascendencia”.

Esa palabra, “trascendencia”, fue la más repetida a lo largo de las mesas de discusión que empezaron el miércoles y seguramente será también la más escuchada hoy en la ciudad de Córdoba, donde continúan las jornadas. El cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de Cultura del Vaticano; María Kodama; el rabino Daniel Goldman, y Santiago Kovadloff hablaron largamente sobre la cuestión, aunque en realidad el tema había sobrevolado ya la mesa anterior, en la que participaron, entre otros, Lucrecia Romera y Ruth Fine (ver aparte). Hubo también citas recurrentes, dos en particular. Ante todo, los poemas -uno recogido en El otro, el mismo, y el segundo en Elogio de la sombra– que Borges tituló “Juan, I, 14”, y que dialoga con ese versículo del Evangelio que lo obsesionó hasta la perplejidad: “Y la Palabra se hizo carne”. El otro poema es el tardío “Cristo en la cruz”, incluido en Los conjurados, con ese verso decisivo, casi confesional: “No lo veo/ y seguiré buscándolo hasta el día/ último de mis pasos por la tierra”.

Borges habla de Cortázar, Cortázar habla de Borges

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Alina Diaconú escribe:

En su tiempo, Borges habló de Cortázar. En su tiempo, Cortázar habló de Borges. Pero como ambos son eternos (“como el agua y el aire”, en el decir de J.L.B.) nos referiremos a ellos, desde el título, en un tiempo presente.
Las palabras de Borges sobre Cortázar fueron dichas y escritas por él. Las de Cortázar aparecieron en sendos reportajes.
Y como acaso ambos escritores sean los mayores referentes de nuestra literatura del siglo XX, con sus no pocas similitudes en cuanto al ingenio y a sus preferencias por el género así llamado “fantástico” y otras insalvables diferencias en cuanto al  estilo literario propiamente dicho y a sus posturas ideológicas, no podemos dejar de notar ciertas curiosidades pertenecientes a sus biografías, productos del azar o del destino.
Jorge Luis Borges nació un 24 de agosto y Julio Florencio Cortázar un 26 de agosto. Dos días separaban pues sus cumpleaños (aunque el primero haya nacido en 1899 en Buenos Aires y el segundo en 1914 en Bruselas). Ambos hombres pertenecían al signo de Virgo, identificado por los astrólogos como  el determinante de una personalidad práctica, una mezcla de nitidez intelectual y de solidez terrestre. Amantes del deber, de la disciplina y del trabajo; devotos de la familia, los amigos y, siempre, de los más débiles. En sus amores, habría algo casto y puro que les es consustancial y serían solamente los caminos secretos y sutiles los que llegarían a su corazón. Minuciosos, críticos, a los nacidos en el signo de Virgo les enferma la estupidez, la ignorancia y la vulgaridad. Suelen aceptar su sino, con integridad.
Mirando someramente sus datos biográficos, observamos que Borges se casó dos veces y Cortázar también. Y algo más: ambos murieron a dos años de diferencia, víctimas del cáncer (Cortázar en París en 1984, tras padecer de una leucemia y Borges en Ginebra en 1986, como consecuencia de un  cáncer hepático.)
Si bien Borges le llevaba quince años a Cortázar, falleció después que él, a los 86 años; mientras que el autor de Bestiario se fue de este mundo a la edad de tan sólo 69 años.

Más allá de las opiniones

En el libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, de Fernando Sorrentino (editado en 1996), Borges comentaba: “Yo me encontré con Cortázar en París, en casa de Néstor Ibarra. El me dijo: ‘¿Usted se acuerda de lo que nos pasó aquella tarde en Diagonal Norte?’ No, le dije yo. Entonces él me dijo: ‘Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito’. Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires, una revista ahora indebidamente olvidada, que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, Casa tomada; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah”.

“pareciera que matan en su fantasía a una Madre que también quiere ser mujer”

El suboficial de la Prefectura Naval, delegación Paraná, Orlando Ojeda, asesinó el sábado a dos mujeres. Diario UNO de Parana / Archivo Clarín.

El suboficial de la Prefectura Naval, delegación Paraná, Orlando Ojeda, asesinó el sábado a dos mujeres. Diario UNO de Parana / Archivo Clarín.

Madre, mujer, santa y puta

El psicoanalista argentino Sergio Zabalza explica así el fenómeno en una nota en el diario Clarín del 8.11.2016: “Estos feminicidios múltiples revelan quizás algo de lo que palpita en la psiquis de estos desquiciados: pareciera que matan en su fantasía a una Madre que también quiere ser mujer”. “Al macho del siglo XXI la Toda Madre se le transforma en Toda Mujer”, dice Zabalza, y su conjetura es que el machismo asesino es el intento fallido de “neutralizar a una madre que aparece como omnipotente”.

¿Es esto consecuencia de una cultura en la que se idealiza la figura materna a tal punto de provocar una dicotomía de tal dimensión? “En Argentina existe todavía la tradición del tango, en la que la mujer es buena y maravillosa cuando es la madre y pasa a ser una puta cuando es pareja y quiere su autonomía”, opina Monique Thiteux-Altschul. “La mujer es vista, y eso sin diferencias de clase, de capas sociales ni de acceso a la educación, como una propiedad. Cuando pierde el control sobre esa propiedad, el varón se vuelve loco”, afirma. “Esto ya no es amor, es que su machismo no les permite que sean de otro. Es la posesión por la práctica sexual”, coincide Mabel Bianco.

También el aumento en el consumo de drogas, que está fuera de control desde hace algunos años, ahora hace estragos, señala la experta: “Hay numerosos casos de sometimiento a través de las drogas, y de chicas muertas por sobredosis. Las secuestran y les dan droga para violarlas en grupo.”

De todos modos, esas posibles causas no terminan de explicar la magnitud que ha cobrado la violencia contra las mujeres en Argentina. El cuerpo de la mujer se ha convertido en un campo de batalla en el que se escenifican actos totalmente deshumanizados. “Los hombres que atacan a las mujeres entran en una alucinación de poder sin siquiera pensar en que pueden ir presos. En muchos casos se suicidan después de haber matado a la mujer”, subraya Monique Thiteux-Altschul, una de las voces más importantes del movimiento feminista en Argentina. “Ahí se ve también la poca importancia que tiene para ellos su propia vida”.

“Decía que los argentinos no habían entendido su obra ni la leían”

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Como prueba de ese desconocimiento, Maria Kodama,  la esposa y albacea de la obra del escritor recordó la polémica sobre la autoría del poéma “Instantes” y el episodio en el que arrancó un cartel con el texto durante un homenaje póstumo en la Feria del Libro de Buenos Aires.