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“Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes”: Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik

Publicado en Cronopiolandia:

Carta de Julio a Alejandra

Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte.

Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo.

El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima.

Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.

Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.”

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Cristina Escofet entrevistada por Yamila Musa

Cristina Escofet

Cristina Escofet entrevistada por Yamila Musa, Editor de Argentina de Interlitq.

Lee la entrevista con Luis Hornstein por Yamila Musa.

Lee la entrevista con Patricio Leone por Yamila Musa.

Lee la entrevista con Milcíades Peña (hijo) por Yamila Musa.

Lee la entrevistado con Luciano Lutereau por Yamila Musa.

Lee la entrevista con Hernán Neira por Yamila Musa.

Lee la entrevista con Andrea Prodan por Yamila Musa.

Sobre Yamila Musa.

León Ostrov, psicoanalista de Alejandra Pizarnik, escribe: “Hace veinticinco años…”

Texto: palabras del psicoanalista León Ostrov, tomadas del libro Alejandra Pizarnik |León Ostrov. Cartas (Euvim).
Hace veinticinco años —fue a mediados del 57— una mujer me llamó por teléfono para pedirme una entrevista. Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron sus grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos. (Me acordé de esa criatura perdida en el mar de un cuento de Supervielle). El diálogo que entonces iniciamos, y que duró poco más de un año, continuó después, ya instalada en París, en cartas que no hacían más que corroborar lo que desde los primeros momentos supe: que con Alejandra Pizarnik, romántica y surrealista, pero por encima de todo, ella, Alejandra, inclasificable y única, algo importante se incorporaba a nuestras letras.
Alejandra me traía, habitualmente, un poema, páginas de su diario, un dibujo (había comenzado a asistir al taller de Batlle Planas). Y ahora lo puedo decir: no podía sustraerme al goce estético que su lectura, su visión suscitaban en mí, y quedaba, en ocasiones, si no olvidada, postergada mi específica tarea profesional, como si yo hubiera entrado en el mundo mágico de Alejandra no para exorcizar sus fantasmas sino para compartirlos y sufrir y deleitarme con ellos, con ella. No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí.
La entrega de Alejandra a la poesía era total, absoluta. Fue lo que le permitió resistir —hasta que decidió abandonar la lucha— los embates del viento feroz. La irrenunciable y heroica tarea de acercarse al caos para entrever su ley secreta, de atisbar en las tinieblas para iluminarlas con el relámpago de la palabra precisa y bella fue la tarea que eligió como definición de su destino. (Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario, no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y de mis imposibilidades… Hoy me apliqué varias horas a Góngora… él “sabía”, se daba cuenta de las palabras, de todas y de cada una).
 
Siempre confié en Alejandra. Más allá de sus desfallecimientos, de susabandonos, de sus renuncias, de sus angustias, de sus muertes —de su muerte— sabía yo que estaba salvada, irremediablemente, porque la poesía estaba en ella como una fuerza inconmovible. Y si los poderes oscuros,algunas veces, parecían ganar terreno, no era más que el trámite inevitable para que, después, lo terrible entrevisto se convirtiera en condición decrecimiento y de mayor lucidez. Hasta que Alejandra —hace diez años— decidió interrumpir su búsqueda. ¿Porque había ya encontrado? ¿Porque sintió que nunca encontraría? (Simplemente, no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna… No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan… Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie…¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. Ni lo querré acaso).
 
En una carta le contaba que en mis últimos días de París, allá por el 55, había resuelto llevarme algo de la ciudad —el inexcusable souvenir— y morosamente le narraba mi aventura. Alejandra, a su vez, me confió que detener que llevarse algo, como recuerdo de su estancia en París, se llevaría la fachada de una casa medio derruida que había visto en un pueblito — Fontenay-aux-Roses— cuya estación de ferrocarril está llena de rosas. Las ventanas de esa casa eran de color lila, pero de un lila tan mágico, tan como los sueños hermosos, que imaginaba que entraba en ella, y una voz la recibía: Hace tanto que te esperaba… Y allí se quedaba —para siempre — porque ya no tendría que buscar más.

Interlitq publishes “My journey as a Muslim in Argentina” by Imam Marwan Gill

Imam Marwan Gill

Interlitq publishes “My journey as a Muslim in Argentina” by Imam Marwan Gill, Interlitq‘s Islamic Affairs Editor.

 

My journey as a Muslim in Argentina

 Recently appointed as an Imam (Islamic theologian) of the worldwide Ahmadiyya Community in Argentina, I find that when I introduce myself, people often ask me: “What is the purpose of your mission here? Are you really propagating the message of Islam in Argentina without a political or economic agenda?”

The answer to such a question is closely linked to a memorable conversation I had with an Argentine.

When I attended a meeting, and introduced myself as an Islamic theologian, I was confronted with “you don’t belong to one of those terrorist groups do you?”. I was taken aback by such a reaction, but when I tried to see it from another perspective, I could begin to understand, at least to a certain extent, the reason for such apprehension. Just recently a terrorist attack was launched on a mosque in Egypt, during which more than 300 innocent people were killed. Regrettably, the despicable acts of certain so-called Islamic groups have not only created mayhem in Muslim countries but have also triggered a wave of distrust in Western countries. Indeed, many of the inhabitants of these countries believe that Islam constitutes a threat to their values, a case in point being President Trump’s retweeting of anti-Muslim video clips.

How I wish that President Trump would, in the process, have made it clear that the heinous acts of terrorists run counter to the cherished principles of Islam. I also wish that President Trump had retweeted all the work that is being undertaken by Muslims in the Ahmadiyya Community to build bridges so as to promote mutual understanding all over the world, rejecting violence outright in the process.

We Muslims of the Ahmadiyya Community believe Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908) to be the Promised Messiah, and whose advent was prophesied by the founder of Islam – the Holy Prophet Muhammad (Peace be upon him). Furthermore, we Muslims of the Ahmadiyya Community do not seek to appropriate political power or territory but only to win the hearts of people, by preaching and practising true Islam. And to this end, we have established missions in various parts of the world to create a space for love, harmony and justice, as we Muslims are commanded to do in the Holy Quran:

Verily, Allah enjoins justice, and the doing of good to others; and giving like kindred…” (Chapter 16, Verse 91).

And so, the Quran does not only call upon Muslims to be fair and just, but rather it has established a far higher standard for treating others. Where Allah the Almighty says, “giving like kindred”, He requires believers to put others before themselves and to always desire the very best for them, as if they were close family members. This is a process that calls for no wish for any reward, just as a mother selflessly loves her child. It is important to note that the Quran does not state that a Muslim should treat only fellow Muslims in this way, but to love ‘others’ and this includes Muslims and non-Muslims alike.

Consequently, the definition of a Muslim, according to the Holy Prophet Muhammad (peace be upon him), is that a true Muslim desires for his fellow human beings (Muslims and non-Muslims) the same as he desires for himself.

Thus, the Muslims of the Ahmadiyya Community, who are united worldwide under the spiritual guidance of His Holiness and Caliph, Hazrat Mirza Masroor Ahmad, are striving for two central objectives:

Firstly, to have mankind recognise God Almighty, to worship Him and to acknowledge the rights He has over us. Secondly, for human beings to respect and honour one another and to show respect for the rights they owe to each other.

Explaining the efforts of the Ahmadiyya Muslim Community in its mission to create peace and justice in society, His Holiness and Caliph, Hazrat Mirza Masroor Ahmad said during a Press Conference in Canada:

We have no worldly power and so all we can do is to continue to peacefully preach Islam’s true teachings. It is a slow process but one day we shall win the hearts of people and the brutalities witnessed in the world today will stop. We are very determined and so we will never give up our tasks.”

It is with such a determination that I begin my journey as a Muslim in Argentina, aiming to rise to the challenges highlighted above by His Holiness. I hope that in the future, when I introduce myself here as an Islamic theologian, I will be met with: “so that means you are an ambassador of peace and love”.

Imam Marwan Gill’s “My journey as a Muslim in Argentina” to be published in Interlitq blog

Imam Marwan Gill, Interlitq’s Islamic Affairs Editor, and Peter Robertson, Interlitq’s President, in Buenos Aires, December 8, 2017

December 2017: Interlitq blog to publish “My journey as a Muslim in Argentina” by Imam Marwan Gill.

Imam Marwan Gill appointed Interlitq’s Islamic Affairs Editor.