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“En su alegato inédito contra el antisemitismo, Jorge Luis Borges opinaba…”

Borges en el Muro de Los Lamentos, en Jerusalem

Guido Maisuls escribe:

En su alegato inédito contra el antisemitismo, Jorge Luis Borges opinaba en 1932: …no quiero omitir, sin embargo, que instigar o Dios me parece una tristísima actividad y que hay proyectos edilicios mejores que la delicada reconstrucción, balazo a balazo, de nuestra Semana de Enero —aunque nos quieran sobornar con la vista de la enrojecida calle Junín, hecha una sola llama”.

En la revista “Clarinada” que se publicaba en Argentina entre 1937 y 1945 se fundamentaba así ese antisemitismo: “Clarinada no combate a los judíos porque son judíos, ni pretende agitar luchas religiosas o raciales. Clarinada combate a los judíos, porque ellos son los inventores, organizadores, directores y sostenedores del comunismo en todo el mundo. Clarinada combate a los judíos, porque los judíos, cumpliendo con las directivas de los ‘Sabios de Sión’ corrompen la moral cristiana, estimulan los vicios y los defectos humanos, para aniquilar la conquista espiritual de la humanidad hecha por Jesús, primera víctima de los Judíos deicidas”.

Además de “Clarinada” por aquella época los medios periodísticos antisemitas tuvieron una muy buena circulación: “Azul y Blanco”, “Cabildo”, “Crisol” y “El Pampero”, entre otros.

El acto nazi en el Luna Park de abril de 1938 se realizó ante 15 mil personas que expresaron su apoyo al gobierno de Adolph Hitler y al III Reich de la Alemania Nazi en el estadio Luna Park y fue organizada por la embajada Alemana en Buenos Aires. Fue la manifestación más grande que se realizó fuera de Europa a favor del nazismo de aquella época.

“Borges era una mala persona y un magnífico escritor”: Andrés Amorós

Andrés Amorós

“Borges era una mala persona y un magnífico escritor”, resume Andrés Amorós en Es la mañana, programa de esRadio. Borges era muy inteligente, maestro del cuento al que le gustaba fastidiar. Ante la prensa, usaba respuestas preparadas. En una ocasión le preguntaron por Federico García Lorca. “Prefiero a Cansinos-Asséns”, contestó. También le consultaron su opinión sobre Antonio Machado, a lo que respondió: “No sabía que Manuel tuviera un hermano”. Las anécdotas son infinitas, como aquella vez que en un encuentro con Gerardo Diego, su amigo de juventud, dijo: “¿Cuál de los dos: Gerardo o Diego?”.

Alejandro Rozitchner recomienda “El erotismo” de George Bataille

Alejandro Rozitchner recomienda la lectura del libro El erotismo, de George Bataille.

Charles Chaplin era “como cineasta, una porquería” para Borges

Charles Chaplin

A Borges no le gustaba Charles Chaplin. Ni un poquito. “Chaplin es uno de los dioses más seguros de la mitología de nuestro tiempo. Como cineasta, una porquería. Sólo ‘La quimera del oro’ era un lindo film, porque estaba defendido de la fealdad por el paisaje de Alaska, con gigantes vestidos de pieles sobre un fondo de nieve. En las demás películas está rodeado de tachos de basura o de escenas lujosas igualmente horribles. Además siempre fue muy vanidoso. Trabajó rodeado de mascotas, no de buenos actores. Siempre quiso ocupar el centro de la escena. Sólo a él hay que tenerle lástima. Es un personaje sentimental, los otros no existen. El cine ha progresado y Chaplin ha permanecido tan malo como al principio. Sus fotografías son igualmente espantosas. En cambio, Buster Keaton era un caballero”, dijo Borges, según recopiló el libro “Borges ante el espejo”.

Psiquiatria vs. psicoanalisis: estamos todos locos?

Por Matías Loewy:

Juan M., un docente de La Plata de 44 años, casado y con dos hijos, es un acaparador serial. No puede dejar de amontonar en la casa de su madre (una viuda de 87 que vive a pocas cuadras) recortes de madera, electrodomésticos en desuso, restos metálicos, cubiertas o piezas mecánicas de vehículos que va juntando de la calle. Los trastos, aunque podrían tener algún uso potencial, terminan en la práctica juntando polvo e invadiendo habitaciones. Pero le cuesta muchísimo desprenderse de ellos. La casa de su mamá, dice con culpa, “se fue vaciando de gente y llenando de objetos”. Pero la pulsión recolectora es más fuerte.

Aunque Juan M. tiene recuerdos de esa costumbre desde la infancia, “desde hace un par de años se ha convertido en un problema que se magnificó y al que no pude encontrarle solución”. ¿Qué hacer entonces? Una alternativa clásica podría ser la siguiente: embarcarse en un largo tratamiento psicoanalítico, a menudo durante años, para develar la raíz íntima y biográfica de esa manifestación. Pero, como advierte Gabriel Rolón en el prólogo del bestseller Historias de diván, quien opte por ese método deberá saber que va a entrar en un mundo que lo llenará de confusión y perplejidad. “Cada analizante (paciente) trae con él un jeroglífico, algo que se oculta y que desde su escondite se resiste a salir a la luz”, grafica.

Otra opción, en cambio, le resulta en principio más seductora. Desdeña las búsquedas de significados y promete soluciones más expeditivas. Para hacer el diagnóstico, el psiquiatra o psicólogo tildará los síntomas del paciente como si se tratara de ir tachando los útiles de la lista del colegio a medida que se los consigue. Y luego, implementará un tratamiento específico, si es posible breve, con psicofármacos o algún tipo de terapia cognitiva, para corregir la desviación o intentar “reformatear” la mente.

Son dos enfoques, dos paradigmas, cuyos defensores han ido radicalizando posiciones en las últimas décadas. Y que podría entrar en un punto sin retorno a partir de mayo próximo, cuando se publique la quinta edición del DSM: la influyente guía de clasificación estadística y diagnóstico de enfermedades mentales que se considera una “biblia” de los psiquiatras. El lanzamiento ya está produciendo una tormenta en el universo psi. El DSM, elaborado por la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos (APA) pero adoptado extensamente en nuestro país, va a experimentar su mayor renovación en tres décadas. Y mientras algunos especialistas valoran el intento de refinar la detección de distintos trastornos que no encajaban en las guías previas, otros denuncian que el DSM-V avanza en el proceso de “patologización” de conductas normales, promueve el diagnóstico “fast-food” por parte de no expertos y alienta el uso desmesurado de psicofármacos, incluso desde la infancia.

“El efecto va a ser nefasto”, pronostica Néstor Yellati, psiquiatra y psicoanalista de la Escuela de Orientación Lacaniana, en Buenos Aires. El DSM-V, dice, va a seguir favoreciendo “epidemias de diagnósticos”. “No necesitamos más enfermedades, sino profesionales a la altura de su época que sepan escuchar y abordar las problemáticas de sus pacientes”, agrega.

El DSM, sobre todo a partir de su tercera edición, ha buscado objetivar las características de las dolencias psiquiátricas y unificar criterios entre los profesionales. Aunque la guía fue diseñada originalmente sólo con fines investigativos epidemiológicos, su impacto en la Argentina y muchos otros países del mundo es marcado: las coberturas médicas la utilizan como referencia para definir qué aflicciones van a cubrir, por cuánto tiempo y bajo qué enfoque de tratamiento.