Archive for the ‘Sexuality’ Category

“Un país se conoce en quince minutos por su pornografía”

Paul Theroux

Catalina Guerrero escribe:

Si alguien quiere conocer un país en ‘tan solo quince minutos’ lo único que tiene que hacer es mirar su pornografía. Lo dice toda una autoridad de la literatura de viajes, el estadounidense Paul Theroux, quien participó ayer en Madrid en unas jornadas sobre Literatura y Automóvil.

Y advierte que ‘no es broma’. Cada país, asegura, tiene su propia pornografía y si la analizas puedes saber ‘rápidamente, en quince minutos, cuál es la vida interior de los hombres y qué piensan de las mujeres’.

‘Si un marciano aterrizase en la Tierra solo tendría que buscar pornografía en internet para saber cómo somos’, mantiene Theroux, quien ha vivido 50 de sus 71 años como trotamundos.

Un aniversario que ha celebrado con la publicación este año de El Tao del viajero (Alfaguara), una compilación de lo mejor de su obra y de los pasajes más memorables de aquellos autores que lo han formado como lector y como viajero. Eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura, al que se refiere como ‘la lotería sueca’, Paul Theroux cuenta con una prolífica obra entre la que destaca, entre otros libros, el primero: El gran bazar del ferrocarril (1972), que lo catapultó a la fama y constituye un clásico del género de viajes.

Escribió La costa de los mosquitos, adaptada al cine por Peter Weir, El viejo expreso de la Patagonia, En el Gallo de Hierro, Las columnas de Hércules, El safari de la estrella negra, La calle de la media luna, Millroy, el mago, Mi historia secreta, Kowlloon tong, Hotel Honolulu, Elefanta Suite, Tren fantasma a la Estrella de Oriente y Un crimen en Calcuta.

También publicó la crónica de su truncada amistad de tres décadas con el Premio Nobel V.S. Naipaul (La sombra de Naipaul) y en junio de 2013 Alfaguara tiene previsto publicar en español The lower river, una novela sobre el espejismo de la felicidad. Libros que gustan a Barack Obama, según le dijo a Theroux el propio presidente estadounidense cuando se conocieron en 2006 en un restaurante en Hawai, donde nació el inquilino de la Casa Blanca y donde el escritor, cuya mujer es de estas islas, pasa temporadas.

‘El mundo está mejor y más seguro con Obama que con Romney’, afirma Theroux, quien espera que sus conciudadanos renueven en la Presidencia del país al candidato demócrata frente al republicano.

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Histeria masculina: detectala a tiempo y huí

Walter Ghedin escribe:

Existe un grupo de hombres que exacerba la expansión social, la seducción como objetivo de la conquista (donjuanismo) y una fuerte tendencia a huir una vez logrado su propósito, dejando en el oído de las damas la clásica frase: “Yo no te prometí nada”. Es la histeria masculina o estilo histriónico de la personalidad.

Humor cambiante, caprichos, celos, necesidad permanente de ser el centro de atención, frivolidad, “labia” atractiva, insinuante, cuerpo grácil que atrapa la mirada de los otros, poca disposición a la reflexión, facilidad para amoldarse a los demás para obtener el cuidado, son todas características de los hombres histéricos.

Con frecuencia creen tener “dones” o “capacidades especiales” (inteligencia, creatividad, altruismo, etc.) que las personas “no suelen ver en ellos” y únicamente se fijan en lo que su cuerpo sugiere.

En el área emocional creen brindar mucho amor, cuando en realidad hacen una exhibición “teatral” de los afectos. Una entrega y prodigalidad de la que esperan ser correspondidos con creces, aunque las parejas nunca logran saciar sus demandas, siempre insatisfechas.

La vida sexual de los histéricos

En el área sexual observamos un sinnúmero de conductas conflictivas que favorecen la aparición de disfunciones sexuales: preocupación por el rendimiento sexual, torpeza para el juego previo, actitud “pasiva”, escaso registro de sus sensaciones eróticas, etc.

No están a la altura de lo que prometen. “Mucho ruido, pocas nueces”, “me prometió un manjar y me hizo comer migajas”, dirán las damas decepcionadas.

No hay histeria sin cuerpo. El cuerpo ocupa un lugar privilegiado en la manifestación del estilo de personalidad. Resulta paradójico que tanta movilización corporal sólo sea una fachada preparada inconscientemente para los demás, una especie de “pantalla” en la que se proyecta un mundo ilusorio que capta la atención y el afecto ajeno.

La fragilidad del mecanismo es tal que ante mínimos fracasos la “pantalla” se quiebra y  queda al descubierto la inseguridad encubierta. Tanta muestra corpórea “para afuera” merecería un contrapeso, un anclaje interno, que, en caso de existir, “sanaría” la conducta.

Los hombres histéricos son dependientes: necesitan imperiosamente de los otros, seducen a “todas y todos”, son irresponsables en el compromiso, se aburren fácilmente y son impredecibles en sus emociones.

Para Freud el motivo distintivo que gobierna el comportamiento de los histéricos es el “temor a la pérdida del amor”, a partir del cual se vuelven  extremadamente dependientes de las personas.

Histeria masculina: detectala a tiempo y huí

Walter Ghedin escribe:

Existe un grupo de hombres que exacerba la expansión social, la seducción como objetivo de la conquista (donjuanismo) y una fuerte tendencia a huir una vez logrado su propósito, dejando en el oído de las damas la clásica frase: “Yo no te prometí nada”. Es la histeria masculina o estilo histriónico de la personalidad.

Humor cambiante, caprichos, celos, necesidad permanente de ser el centro de atención, frivolidad, “labia” atractiva, insinuante, cuerpo grácil que atrapa la mirada de los otros, poca disposición a la reflexión, facilidad para amoldarse a los demás para obtener el cuidado, son todas características de los hombres histéricos.

Con frecuencia creen tener “dones” o “capacidades especiales” (inteligencia, creatividad, altruismo, etc.) que las personas “no suelen ver en ellos” y únicamente se fijan en lo que su cuerpo sugiere.

En el área emocional creen brindar mucho amor, cuando en realidad hacen una exhibición “teatral” de los afectos. Una entrega y prodigalidad de la que esperan ser correspondidos con creces, aunque las parejas nunca logran saciar sus demandas, siempre insatisfechas.

La vida sexual de los histéricos

En el área sexual observamos un sinnúmero de conductas conflictivas que favorecen la aparición de disfunciones sexuales: preocupación por el rendimiento sexual, torpeza para el juego previo, actitud “pasiva”, escaso registro de sus sensaciones eróticas, etc.

No están a la altura de lo que prometen. “Mucho ruido, pocas nueces”, “me prometió un manjar y me hizo comer migajas”, dirán las damas decepcionadas.

No hay histeria sin cuerpo. El cuerpo ocupa un lugar privilegiado en la manifestación del estilo de personalidad. Resulta paradójico que tanta movilización corporal sólo sea una fachada preparada inconscientemente para los demás, una especie de “pantalla” en la que se proyecta un mundo ilusorio que capta la atención y el afecto ajeno.

La fragilidad del mecanismo es tal que ante mínimos fracasos la “pantalla” se quiebra y  queda al descubierto la inseguridad encubierta. Tanta muestra corpórea “para afuera” merecería un contrapeso, un anclaje interno, que, en caso de existir, “sanaría” la conducta.

Los hombres histéricos son dependientes: necesitan imperiosamente de los otros, seducen a “todas y todos”, son irresponsables en el compromiso, se aburren fácilmente y son impredecibles en sus emociones.

Para Freud el motivo distintivo que gobierna el comportamiento de los histéricos es el “temor a la pérdida del amor”, a partir del cual se vuelven  extremadamente dependientes de las personas.

 

“Las mujeres exitosas no son atractivas eróticamente para el hombre”: Irene Meler

Irene Meler

Irene Meler entrevistada por Camila Hadad:

-Usted dice que a la mujer que se destaca profesionalmente es muy respetada pero poco deseada por los hombres. ¿Por qué?

-Sí. Porque si un hombre logra acumular saber, o poder, o dinero, o sea algún emblema de poder social, eso lo transforma en algo más atractivo a los ojos de las mujeres. Esto es una cuestión de observación cotidiana. Un hombre que tal vez no sea tan atractivo físicamente pero que es muy inteligente, o muy exitoso, o muy rico, logra que mujeres jóvenes y hermosas lo deseen y quieran estar con él. En cambio, en el caso de las mujeres esto no ocurre así porque una mujer exitosa o poderosa o adinerada puede ser muy respetada, como ser humano, pero no resulta atractiva eróticamente porque el erotismo femenino está históricamente asociado a la juventud, a la frescura, incluso a la dependencia y a la inmadurez.

¿Por qué son infieles los hombres?

Silvia Murillo escribe:

Samuel (nombre protegido) lleva 5 años de relación con su novia, tiempo en el que reconoce le ha sido infiel un sinnúmero de veces. Afirma que su pareja es una persona maravillosa, con muchas virtudes, que no lo cela porque confía en él, pero que tener otras relaciones lo atribuye a su ego. “Lo mío es como decir: ‘Yo la puedo conseguir (a otra mujer); yo la puedo tener’. No me considero un Tom Cruise o Brad Pitt, pero es como una meta que me fijo. Hablando y vistiendo bien, y con un buen perfume encima obtengo lo que quiero”. El hombre, de 40 años, dice que en el tiempo que lleva junto a su pareja formal, ella nunca ha sospechado de una infidelidad de su parte. ¿Cómo lo hace?  Cuando tiene una relación paralela —dice— es sincero con esa otra persona, le explica que tiene 2 hijos en distintas mujeres y una novia. “Me escriben con cautela y en horarios que saben que no estoy con mi pareja”. Él mismo se admira de no haber involucrado sus sentimientos en esas otras relaciones, aunque reconoce que con la última mujer que estuvo (quien es casada), en algún momento pensó en poner fin a su noviazgo. Luego reflexionó y hoy piensa que habría sido un error. “Me hubiera arrepentido toda mi vida”. Recuerda que este tipo de conducta empezó cuando concluyó el bachillerato. Atribuye también su ‘éxito’ con las mujeres a que muchas de ellas están desatendidas por su novio o esposo y, entonces, cuando alguien les habla bonito y está bien presentado, es aceptado, aunque tenga un compromiso. Para Samuel, la infidelidad no va a terminar, pues confiesa que si ve a una mujer que le gusta, irá tras ella hasta conseguir su objetivo. ¿Pero qué impulsa a los hombres a ser infieles? Existen algunas causas, y de aquello se han hecho hasta estudios. Por ejemplo, los investigadores del Área de Neurociencias del departamento de Biología de la Reproducción de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, Adriana Morales y Armando Ferreira, dicen que en el cerebro masculino predomina la inclinación hacia el sexo, y en el de la mujer, al compromiso.   Ellos argumentan que la proclividad del hombre a la infidelidad se encuentra en la estructura de su cerebro. “Él no se embaraza, copula y copula porque su cerebro está impregnado permanentemente de testosterona, que lo impulsa a la acción; mientras que los cambios hormonales, propios de la mujer, promueven conductas maternales y de compromiso”. En ese sentido, una investigación del Instituto Karolinska de Suecia concluyó que una variación del gen 334 multiplica en los hombres el “riesgo de experimentar conflictos en su relación de pareja y de divorciarse”. En otras palabras, 2 de cada 5 varones que cargan con este trozo diferente de ADN tienden a buscar entretención con otras mujeres. Este estudio fue publicado en Proceeding of the National Academy of Sciences. El gen 334 gestiona la vasopresina, una hormona que se produce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos. Hasse Walum, del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Karolinska, y uno de los autores de esta investigación, explica que “es la primera vez que se asocia la variante de un gen específico con la manera en que los hombres se comprometen con sus parejas”. Para la psicóloga Sandra Herrera, este tipo de comportamiento es una cuestión de principios. “Es equivocado plantear que la infidelidad masculina es una marca indeleble en el cromosoma Y. Si un hombre quiere ser fiel en armonía con sus bases morales, lo será por encima de todo; si esas bases flaquean o no existen, será infiel, así no tenga la variación del alelo 334”. Sin embargo, el psiquiatra Richard Friedman, de la Universidad de Cornell, en Nueva York, defiende la tesis del gen 334 e insiste en que la infidelidad puede obedecer a la genética o a otros factores; su manifestación depende de las características de cada uno. “No escogemos nuestro bagaje genético, pero sí podemos controlar las emociones y los impulsos que esa carga crea”. El psicoanalista colombiano Arturo de la Pava Ossa, en su libro Todos los hombres son infieles, ubica el tema en el terreno de la estructura psíquica. “Si para la mujer es prohibido ser infiel, el hombre lo es con la intención de degradar a su objeto sexual. En casi todas las culturas, si ella es la adúltera siente el peso de la culpa y del castigo, mientras que él tiene el franco derecho a ser polígamo”. La infidelidad, para el psiquiatra Héctor Cevallos, se origina porque, según sus estudios, el ser humano es muy sexuado, ya que pertenece al grupo de los primates y, por eso, no somos de naturaleza monógama. “Aprendemos a serlo porque nos conviene”. Él pone el ejemplo de los loros o pericos que, cuando se juntan en pareja, no buscan otra, solamente la propia. Entonces reitera que los humanos tienen tendencia polígama.