Archive for the ‘Interviews’ Category

“César Aira es más que Borges”: Juan José Becerra

César Aira

Juan José Becerra entrevistado por Mauro Libertella:

–¿Para tu generación fue complicado ponerse a escribir, después de la dictadura y de la generación del sesenta, que es una generación fuerte en el sentido amplio?

–Al revés, yo creo que para nuestra generación fue más fácil porque los escritores más grandes funcionaron como una especie de airbag entre Borges y nosotros. Fueron grandes lectores de Borges y relativizaron su poder. Relativizarlo es sostener una posición más o menos distante de una bomba atómica que cayó en tu casa. La generación anterior a la mía se plantó en relación a Borges. Apareció Saer metiendo una cuña ahí, que es la de la novela: se puede escribir una gran obra en el género novela, que Borges despreciaba. Apareció Puig. Y luego vinieron escritores antes que yo que ya están curtidos por Saer y Puig y entonces Borges ya no es el problema central porque Saer y Puig ya los enfrentaron desde el género novela. Más tarde aparece Aira, dentro de la matriz borgeana. Es un escritor especulativo. Es un genio y es más que Borges.

Daniel Balderston to be interviewed by Yamila Musa

Daniel Balderston

Interlitq news: Daniel Balderston to be interviewed by Yamila Musa, Interlitq‘s Argentine Editor (“The Groves of Academe” series).

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Borges: una entrevista olvidada

Jorge Luis Borges

En 1969, la Universidad de Oxford anunció su decisión de conferirle al escritor argentino Jorge Luis Borges el título de Doctor Honoris Causa.

En esa ocasión, fue entrevistado por el periodista y traductor británico Noel Clark para el Servicio Latinoamericano de la BBC.

En homenaje al 20 aniversario de la muerte de Borges, transcribimos esta entrevista.

El amor “es una elección absolutamente inconsciente”

Mercedes de Francisco entrevistada por Marta Berenguer:

¿El amor es un encuentro contingente? ¿De qué depende ese encuentro?

Es genial esta frase de Cortázar. Está bien planteado su cuestionamiento de la elección. Pero claro es tan poética que todo lo que diga a partir de ahora va a ser para destrozar esta magnífica forma de hablar del amor. Por eso me cuesta. Creo que cuando dice que no se la elige es en este sentido de creer que uno elige a alguien conscientemente, que es una elección consciente, que es el ‘yo’ el que elige. No se trata de ese tipo de elección, es una elección absolutamente inconsciente, no eres dueño en tu elección, en eso estoy totalmente de acuerdo con Cortázar.

Por eso en el primer capítulo del libro cuando comento la frase de Philippe Sollers en la que dice que “el amor es clandestino” es en este sentido. Hay algo absolutamente no sabido en el momento que eso ocurre. El sujeto no lo tiene en su mano, ni lo puede manejar, ni lo puede elegir como quien elige comprase un IPhone o un coche. Y es precisamente en esta época donde se pretende pensar la cuestión de la elección amorosa de esta manera, como quien elige un sofá. Por eso es muy interesante como Cortázar lo expresa: “creen que la eligen y luego la aman, cuando en realidad es un rayo que te parte”. Este tema hay que separarlo de lo matrimonial porque es a partir del siglo XVIII-XIX cuando se empieza a juntar amor y matrimonio. Hasta ese momento el amor era una cosa y el matrimonio era otra. A veces el sujeto cree que está enamorado y a veces, simplemente, va a seguir los cauces que le indican los años o la sociedad. Se encuentra y se junta con una mujer o con un hombre a quien quiere, quizás no exageradamente pero tiene una familia y ahí sigue. El amor puede ser de muchas manera, no digo que el amor tenga que ser siempre una cosa.

A donde apuntan muchos sociólogos en la actualidad es precisamente a indicar que la que está tocada es la intensidad del amor. Algo que verdaderamente es un rayo, que produce un verdadero cimbronazo a un sujeto. Por eso Lacan incluso decía que “el amor es lo que permite cambiar de discurso”. En el caso de la relación analítica, por ejemplo, hay algo de ese amor. Hay algo del amor en la relación con el analista, lo que en términos psicoanalíticos nombramos como transferencia. Freud decía que esta relación es un amor de pleno derecho, es un amor sin la cuestión de los cuerpos, justamente, dejando fuera el encuentro sexual. Es un amor de pleno derecho y por tanto una experiencia. La intensidad de esa experiencia es lo fundamental y es lo que le permite al sujeto cambiar de discurso, pasar de un discurso a otro, verdaderamente un viraje. Cuando un analizante viene y te va contando como está con una pareja en la actualidad y de repente dice: bueno pero hay una historia que tuve que fue terrible, desastrosa. Y resulta que la historia desastrosa terminó mal o como sea, pero es esa historia lo que le tiene totalmente enganchado desde hace años y cualquier cosa que aparezca va a quedar tocada por eso. Para que ese sujeto pueda seguir en su vida encontrándose y volviendo a amar, tiene que ver qué se trató allí, tiene que ver qué pasó con ese rayo que le partió. Quizás de eso no quiere saber nada, porque ya lo terminó, fue desastroso, mejor pasar página, me voy a otra experiencia… Pero pueden pasar muchos años, llegar a ser una persona mayor y de repente darse cuenta que todo eso que vivió, en realidad, tiene mucho que ver con eso qué tiene pendiente desde los 20 años, de los 30, desde que aconteció.

“Me quieren hacer ver como una bruja”: Maria Kodama

Maria Kodama

Laura Vilche entrevista a Maria Kodama:

Amada y odiada. María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges, se sabe criticada. Dice que ahora puede reírse de eso, pero que supo pasarla mal. Entre otras cosas se la acusa de haber decidido que el escritor pase los últimos días de su vida en Ginebra (Suiza). Allí yacen sus restos al pie de una estela funeraria en la que ella le escribió, en anglosajón e islandés: “De Ulrica a Javier Otola”, una despedida íntima que hace alusión a un relato que él le dedicó y a las lenguas por las que se conocieron. Kodama sale al cruce de todos los comentarios. “Me quieren hacer ver como una bruja, pero Borges estando en Italia y sabiendo que moriría fue quien me dijo que, si lo quería, no dejara que empapelaran Buenos Aires con fotos como las de (Ricardo) Balbín en cama, desnudo y lleno de tubos cuando estaba en terapia intensiva. Borges no era tonto, nadie le decía lo que tenía que hacer; no fui yo quien lo obligó a ir a Ginebra, sino muchos argentinos que no lo trataron bien”.

Kodama, como presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, estuvo en Rosario brindando la conferencia “Borges y yo”, ante 200 personas, en el teatro El Círculo, e invitada por los editores de la guía revista “Bienvenidos a Rosario” y el programa radial “Caramelos surtidos”.

—Los argentinos hablamos mucho de Borges, pero ¿no cree que se lo ha leído poco?

—Si puede circular por allí ese espantoso poema «Instantes» que dicen que es de él, no me caben dudas de que se lo lee poco. Borges no era melancólico, si se conociera su estilo se sabría que no podía decir cosas como que comería habas o que viajaba con una bolsa de agua caliente. ¡Por favor!

(El poema dice en algunos fragmentos: “Si volviera a nacer iría a más lugares adonde nunca he ido, comería mas helados y menos habas (..) Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano).

En la fundación organizan desde hace años certámenes de haikus (poemas japoneses) para alumnos adolescentes de todo el país. ¿Por dónde le sugeriría usted a un joven de entre 13 y 18 años que comience a abordar a Borges?

—Por cuentos como “El cautivo”, por algunas páginas de “Atlas” (1981), tal vez “El libro de arena” (1975) o “Los conjurados” (1985). Y a un adulto, también le diría que comience por allí, salvo que tenga una formación anterior; en ese caso que lo aborde por donde quiera.

—Usted también es escritora. ¿Cuándo divulgará su producción?

—Cuando tenga un año sabático, tal vez allí pueda publicar todas las conferencias y ensayos que he realizado sobre Borges. Estoy en permanente producción, pero sigo viviendo para él.

—¿Qué lee?

—Los trágicos griegos y obviamente a Borges.

—Usted sabe que la gente acude a sus charlas también para conocer a la mujer de un escritor universal. ¿Fue difícil amar a Borges?

—Para mí no.

—¿Y volver a amar después de su muerte?

—Eso sí es muy difícil, aunque sigo permanentemente enamorada de él y de muchas otras cosas.

—El la llamaba Ulrica (osita en anglosajón). ¿Por qué se trataban de usted?

—¿Por qué llama tanto la atención?

—Si le molesta la pregunta no me la responda.

—No es eso, sucede que cada pareja adopta una forma de relacionarse. Yo pertenezco a una generación donde se trataba a todos de «vos». Sólo usaba el «usted» con mi padre y con Borges; o sea, una forma que goza de una intimidad total. El me decía que nos mostrábamos como una vieja pareja criolla.

—Ha dicho que la maltrataron por su relación con él.

—Sí, eso proviene de bajezas extremas del ser humano: celos, envidias, deseos de protagonismo sin tener nada que lo sustente, y siempre por parte de las mismas personas. Antes me dolía, ahora, tras 21 años, no.

—¿Cómo se presenta usted, como “mujer de Borges”, “viuda de Borges” o simplemente “María Kodama”?

—La pregunta me recuerda a cuando Borges quería convencerme de que me casara con él (contrajeron matrimonio por poder en Paraguay). Me dijo: «Mire qué bien queda María Kodama de Borges». Y yo le respondí: «Borges, yo no soy de nadie. ¿Qué le parece a usted, Jorge Luis Borges de Kodama?». Se rió, dijo que sonaba bien, que no tenía problemas en firmar así. Y que por mi respuesta se daba cuenta de que padecía de neurosis de destino, porque ya una mujer que le había fascinado alguna vez (Cecilia Ingenieros) le había contestado: «Yo no soy hija de José Ingenieros, soy sólo Cecilia».

—¿Qué le parece que el programa de televisión de Mario Pergolini (“El gen argentino”) ponga en debate si fue más representantivo René Favaloro o Borges para el país?

—No deberían comparar a un hombre de ciencia con un escritor. Ambos fueron seres éticos y dieron lo mejor a la humanidad de distintas maneras.

—Borges estaba a favor de la revolución bolchevique cuando tenía 17 años, pero también tuvo expresiones en favor de la dictadura militar. ¿Cómo toma las críticas que se hacen de sus ideas políticas?

—El detestaba toda dictadura, basta leer los periódicos de los 70. Pero daba sus opiniones sin hipocresía y eso siempre molesta.

—En más de una oportunidad usted habló de su amor con Borges como algo “mágico”. Y dijo que vivió un “regalo de la vida” cuando en el Museo de El Prado los tuvo juntos, por unos minutos, a él y a Cortázar. ¿Puede contar esta anécdota?

—Yo estaba delante, nada menos que de “El perro semihundido” de Goya, uno de mis cuadros preferidos, y le conté a Borges que estaba Cortázar en la sala. El me preguntó si quería saludarlo y obviamente le dije que sí. Allí fuimos. Cortázar le recordó que le había llevado su primer cuento y le volvió a agradecer. Y Borges se sonrió y le dijo: «Bueno, no me equivoqué, fui profético». Un encuentro irrepetible.

—¿Se enamoraría de Borges en otra vida?

—Hablábamos de eso. Yo le decía que si volviera a nacer sería científica, así que si él quería unirse a mí otra vez debía buscarme en espacios de ciencia.

—¿Y él qué le decía que iba a ser en otra vida?

—No me pregunte eso, sería obviamente escritor.