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“Es mentira que las mujeres desean ser violadas”: Juan David Nasio

“Es muy frecuente que haya en ciertos hombres este pensamiento; ellos tienen el fantasma eminentemente masculino que supone que las mujeres desean ser violadas. Es una idea que no es real. La mayor parte de las mujeres no tienen el deseo de ser violadas. Una cosa que no cambia en la mujer es la necesidad de sentirse atraída por un hombre que la hace sentir segura, protegida y, claro, seducida”.

“…en Freud no es menos fuerte el entusiasmo indefectible por el diablo…”

Jean Laplanche escribe:

¿Por qué escogí este título que aparentemente nos hace volver a tiempos oscurantistas: los tiempos oscuros de la Inquisición,  en los que se quemaba a personas y obras? Ello no sin antes haber intentado que el poseído confesase una verdad que él mismo ignoraba: el diablo estaba dentro de él.

Comenzaré señalando hasta qué punto las imágenes de demonios, de brujas y de posesiones son corrientes no solo en la clínica sino también en la teoría psicoanalítica. Una tesis sobre Freud y el diablo (1), llevada a su conclusión por una de mis alumnas, mostraba recientemente hasta qué punto esas imagos son coextensivas al pensamiento freudiano y a su evolución. Seguramente una visión racionalista, emparentada a la llamada filosofía de las «Luces», es otro aspecto del pensamiento de Freud: ahí donde la razón se hace luz, los demonios nocturnos desaparecen por siempre: Afflavit et disipati sunt.

Pero en Freud no es menos fuerte el entusiasmo indefectible por el diablo, rebelde a cualquier intento de reducirlo a una ilusión. Hasta el punto que la propia metapsicología, el aspecto más teórico de la obra, es a veces  comparada con una bruja. También les recuerdo el espléndido homenaje fúnebre a Charcot (2). Ahí Freud muestra que el descubrimiento psicoanalítico estaba cerca a partir del momento en que las histéricas comenzaron a tomarse en serio. Esa histérica que llora debe tener razón. Incluso cuando dice ignorar  por qué llora. Había que suponer, pues, un clivaje de su conciencia. Pero, ¿cómo aceptar esa cosa extraña de saber sin saber? ¿Qué modelo encontrarle al clivaje? Bastaría con recordar, dice Freud, que durante siglos o milenios la humanidad le daba plenamente su lugar a esa división y a ese sufrimiento con el nombre de posesión. Charcot más los exorcistas, y todo el psicoanálisis ya está listo

Llevado a este punto, el diablo deviene casi un concepto, o un pre-concepto. Como la histérica, también el poseído el exorcista deben tener en cierto modo razón. Y, evidentemente, es la alteridad absoluta del inconsciente, su extrañeza, lo que otorga una base a la idea de posesión, cuya forma apenas un poco más moderna será aquélla del «cuerpo extraño interno». En este fantasma de posesión –que es un avatar del fantasma de seducción-, Freud mismo no rechaza ocupar todos los lugares: el del exorcista, el del poseído, pero también el del diablo intrusivo.

Con este título, «¿Hay que quemar a Melanie Klein?», evidentemente lo que quisiera es rendir un gran homenaje a quien más de uno considera como la más grande creadora después de Freud. Es situarla en esa tradición resplandeciente (como se dice del gótico) que reconoce el carácter extraño, extranjero, hostil, angustiante de «nuestro mundo interno».

Se ha hablado, a propósito de Klein, de una «demoniología», y ello en un sentido peyorativo. La demoniología sería algo que se opone a la psicología al convertir nuestros fantasmas en entidades, en seres reales, atacantes, sádicos o terroríficos. Ya se había hablado del antropomorfismo de Freud para criticar la idea «pueril» (!) de que albergamos en nosotros a pequeños hombres que luchan entre sí. Y bien, los «objetos» kleinianos llevan ese realismo aún más al extremo y, en mi opinión, tanto el antropomorfismo como la demoniología nos indican la misma dirección fecunda, aquélla de la realidad psíquica.

¿Aún se quema a las brujas de nuestra época? En el medio psicoanalítico a veces no estamos lejos de ello. Otros han relatado ese ceremonial de exorcismo que continuaba en los sótanos de Londres durante el Blitzkrieg: se trataba de expulsar a Melanie Klein del movimiento psicoanalítico. Y la pasión puesta en ese ceremonial muestra que no se trataba en absoluto de la teoría, la conceptualización o la clínica. Actualmente, y en cierto modo lamentablemente, ya no se intenta quemar a Melanie Klein. Se la deja de lado, se la aísla. A veces se acepta su dogma, un poco como una receta. Quienes aíslan y marginan a Melanie Klein son aquéllos que mantienen un racionalismo estricto, aquéllos que desde hace mucho tiempo olvidaron la lección interpretativa de Freud; una lección que resuena siempre en los mismos términos: Melanie Klein debe tener en cierto modo razón.

Yo no me considero un defensor de la filosofía de las Luces, ni del racionalismo psicologizante que reina en una parte del mundo analítico. Pero tampoco soy un adepto del kleinismo, que como movimiento y como doctrina siempre suscitó mi desconfianza. Lo que caracteriza a ese movimiento es un verdadero proselitismo, la ausencia de cuestionamiento sobre los conceptos de base y, sobre todo, el retorno por otras vías a un hegemonismo; se trata de un nuevo intento de hacer del pensamiento psicoanalítico una explicación general, una psicología de conjunto: lo que, paradójicamente, me parece ser una forma de quitarle brillo al aporte kleiniano.

Apollinaire recite le pont Mirabeau/ Audio

Apollinaire recite “le pont Mirabeau”.

Alejandro Rozitchner recomienda “El erotismo” de George Bataille

Alejandro Rozitchner recomienda la lectura del libro El erotismo, de George Bataille.

Arthur Rimbaud: Documentaire sur la vie et l’œuvre du poète français Rimbaud

Arthur Rimbaud

Arthur Rimbaud: Documentaire sur la vie et l’œuvre du poète français Rimbaud.