Archive for the ‘Criticism’ Category

Cristina Piña: Leer a Alejandra Pizarnik/ Video

Cristina Piña

Invitamos a Cristina Piña a hablar sobre vida y obra de Alejandra Pizarnik, con motivo de la publicación de su último libro “Limites, Dialogos, Confrontaciones: Leer a Alejandra Pizarnik”.

Christopher Ricks – True Friendship/ Video

Christopher Ricks

Christopher Ricks, professor and director of the Editorial Institute at Boston University, discusses his book “True Friendship: Geoffrey Hill, Anthony Hecht, and Robert Lowell Under the Sign of Eliot and Pound.” Presented by Harvard Book Store.

More lectures at http://forum-network.org This talk took place on April 23, 2010.

About Christopher Ricks

“Some great novelists are ‘there’ in their novels. None is more present than George Eliot”: John Mullan

Reviewing The Transferred Life of George Eliot by Philip Davis, John Mullan writes:

Some great novelists are there in their novels. None is more present than George Eliot. Take a small example from The Mill on the Floss. Mr Tulliver, the mill owner, has well-nigh ruined himself by pursuing a doomed legal suit against a cleverer rival. Now he must get his wife to borrow some money from her affluent brother-in-law.

Mr Tulliver would never have asked for anything from so poor-spirited a fellow for himself, but Bessy might do so if she liked.
It is precisely the proudest and most obstinate men who are the most liable to shift their position and contradict themselves in this sudden manner …

The first sentence inhabits Tulliver’s self-deluding thoughts; in the second (separated by that chasm of a paragraph break), the narrator discovers a psychological pattern that any of us might recognise.

The narrator offering this reflection is Eliot. Over and over again in her fiction a precise description of a character’s thought processes generates, in the next sentence, a generalisation about some paradox of human behaviour. She steps into her narratives not to hector or exclaim, as Dickens will do, nor to nudge and tease, like Fielding or Thackeray, but tolerantly to unravel the contradictory motivations and ready self-deceits of ordinary men and women. So admirers of her novels have always felt that they were in touch with its author – with her wisdom and her solace. Philip Davis, a notable scholar of Victorian literature, feels so, too. Wise critics warn against finding the experiences of the author in his or her fiction, but this is precisely what Davis sets out to do: “I look for the use of her life in her work,” he writes.

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Jane Austen desi-style: A Pakistani perspective on ‘Pride and Prejudice’ and more (Book Review)

Title: Austenistan; Author: Laaleen Sukhera (editor);

Publisher: Publishers: Pages: 288 Price: Rs 350

Could Elizabeth Bennet (of Jane Austen’s “Pride and Prejudice”), or even her mother, have their equivalents in Islamabad, or (the heroine of Austen’s eponymous novel) be as likely to be found in as  And then to be gender-balanced, can only thrive in English climes?

Quite possibly, for “it is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife”. Pakistani women — and their mothers and close friends — know this truth very well, as Laaleen and her Pakistani (and one Sri Lankan) collaborators show in this anthology.

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“Pizarnik escribió para la mujer desde el cadáver presentido…”

Alejandra Pizarnik

Carolina A. Navarrete González escribe:

Alejandra Pizarnik y su Obra Poética

Alejandra Pizarnik, nacida en Buenos Aires en 1936, comienza a publicar sus poemas ya a los 20 años. Sus cinco libros poéticos fundamentales son: Árbol de Diana (1962); Los Trabajos y las noches (1965); Extracción de la piedra de Locura (1968); El Infierno musical (1971); y Textos de sombra y Últimos poemas, que contiene una recopilación de poemas y textos dispersos, no publicados antes y que aparece recién el año 1982. Alejandra Pizarnik se suicidó en Buenos Aires en septiembre de 1972. Cercana al surrealismo, admiradora del romanticismo alemán, los poetas malditos. Amiga y admirada por Cortazar, Octavio Paz, Manuel Mujica Lainez y gran parte de la intelectualidad argentina de la época, su muerte dejó un gran vacío, pues era considerada la voz poética de su generación.

En los poemas de Pizarnik se puede seguir las imágenes que describió Lacan como la fragmentación del sujeto, la búsqueda de unidad (que para ella se lograría en el silencio), el desplazamiento del significado frente al mar profundo y ambiguo de significantes, la dificultad de encontrar la palabra verdadera, la manifestación del deseo en el texto, el intento de plasmar y de conjugar cuerpo y texto, la angustia ante el desencuentro y la desesperanza.

 

Análisis de “Contemplación” y “Caminos del espejo”

He querido traer a escena los poemas “Contemplación” y “Caminos del espejo” con el fin de trazar ciertos rasgos que develan la presencia de una relación entre escritura – cuerpo – lenguaje. Esta relación pondría de manifiesto al cuerpo (de mujer) que ha perdido la experiencia de sí (ha sido secuestrado, anulado, borrado) y que en la escritura se recupera, intenta palparse, re-conocerse. Ambos poemas comparten, a través de la conjugación cuerpo y texto, una polifonía que permite a la palabra “significar algo totalmente diferente de lo que ella dice”, hacer “oír otra cosa”.

Te atraviesan graznidos. Te martillean con pájaros negros. Colores enemigos se unen en la tragedia. ( “Contemplación”)

Alejandra Pizarnik estaría develando esta relación escritura-cuerpo-lenguaje que en Latinoamérica está dominada por el signo de la violencia: descuartizamiento e inscripción de la máquina en el cuerpo. Basta recordar los mecanismos de tortura y secuestro institucional del cuerpo en las diferentes etapas del capitalismo, mecanismos expuestos por Michel Foucault en La verdad y las formas jurídicas (1973); Vigilar y Castigar 81975); y Microfísica del Poder (1971-1977).

Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro. (“Caminos del espejo”)

Si bien Pizarnik parece participar de esos rasgos generales, a la vez parece hablar de una manera particular sobre otra cosa: máscara dentro de la máscara, desdoblamiento y desterritorialización, suplemento que resiste (Muschietti, 1989)

Pizarnik habla desde una lengua que crece apegada al silencio y aunque le teme como amenaza constituye su punto de partida, silencio que es hueco, tachadura, ya que la constituye históricamente. Nacer mujer ha sido nacer para ser mantenida por los hombres dentro de un espacio limitado y previamente asignado. La presencia social de la mujer se ha desarrollado como resultado de su ingenio para vivir sometida a esa tutela y dentro de un limitado espacio. Pero ello ha sido posible a costa de partir en dos al ser de la mujer. Una mujer debe contemplarse continuamente. Ha de ir acompañada casi constantemente por la imagen que tiene de sí misma. Desde su más temprana infancia se le ha enseñado a examinarse continuamente.

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo
súbitamente borrada por la lluvia.

Pizarnik se mueve en el espacio de la borradura, la escisión constitutiva del sujeto femenino la conduce contra el Edipo, de cara a la niña como pura potencia y posibilidad, construir en contra del silencio de la otra: la máscara (la de la boca y los párpados cosidos) que opone el yeso a la carne. Escribir es construir el otro silencio como iluminación.

En este sentido, el silencio constituye el único lugar donde para ella sería posible la comunicación.

¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto
Por eso hablo.

El silencio constituye el lugar idílico, soñado, en que se liberaría de la búsqueda infinita, de la eterna cadena ansiosa de sustituciones que describía Lacan, en el que las palabras pueden reencontrar su significado perdido a través del paso por la cultura, por los distintos hombres, que al usarlas, las han cargado de significados que no les pertenecen y que las desvirtúan.

Si el lenguaje la apartaba del mundo, entonces, el único lugar donde se podía vivir en paz era el silencio.

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo
Estoy sola y escribo. No, no estoy sola
Hay alguien aquí que tiembla.

La verdad, la palabra verdadera, perseguida con tanto anhelo, no es música que pueda ser escuchada. Esa música que por estar alojada en el inconsciente está separada de nosotros.

Podríamos decir que el sujeto de la escritura, entendiendo por sujeto a quien ha sido dividido por la acción del significante, tendría como sesgo conceptual a la alineación: encontrarse escindido.

Si la alineación del sujeto se liga a la constitución del sujeto en el campo del Otro en tanto operación que determina la captura del sujeto por el significante, en el sujeto femenino, este significante no mata, de ninguna manera, sino que inaugura una función: aquella denominada afánisis (el término es tomado por Ernest Jones) y que constituye un desvanecimiento, una desaparición, una petrificación.

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quien me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

Aquí, el efecto del significante es introducir una suerte de knock-out, donde el sujeto queda desvanecido. En la doctrina lacaniana la opción que procura buscar el sentido, se topa con el sin sentido. No hay sentido pleno en ningún ser hablante, por cuanto inevitablemente ocurre una pérdida que lo constituye, la cual, en la realización del sujeto, es lo inconsciente. Lo que queda, entonces, es una falta: ni uno ni otro. Esta es la acción del campo del Otro en la constitución del sujeto en su primer movimiento.

Ahora bien, esta falta en la constitución del sujeto femenino que devela Pizarnik guardaría relación con la normativización del deseo sexual femenino inserta dentro de la ideología patriarcal.

Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.

Se trata de reescribirse con la voz apenas percibida del cadáver de la mujer. Se construye el territorio de la otra, la asesinada y se suspende allí la respiración del animal que presiente la aproximación de la muerte.

Su poesía es la búsqueda obsesiva de un cuerpo (el de la mujer) que ha sido normativizado bajo la forma del trabajo femenino como trabajo maternal y doméstico.

El deseo de saber (yo fui en busca de quien soy) acaso nos ofrece la posibilidad de dominar/ dominarnos a nuestro objeto /sujeto de conocimiento. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen limitaciones del supuesto de saber-para-ser con el cual las mujeres hemos tratado de configurarnos como sujetos existentes. Pareciera, no obstante, que es necesario transitar por los múltiples caminos que ofrece el deseo de saber a las mujeres, inclusive aquel que nos ofrece “sabernos existentes”, para intentar aportar desde allí, nuestro “saber de mujeres”, un “saber” que constituye parte de la conciencia de la pertenencia al género sexual femenino, a una cultura que ha relegado históricamente tal saber a la marginalidad y/o a la omisión.

Y la sed, mi memoria es de la sed,
Yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

Quedaría, entonces, la labor de la mujer deconstructiva y reconstructiva en la resignificación de experiencias deseantes anteriores a la represión ejercida sobre ella (especialmente el deseo de saber y del deseo de poder)

El término resignificar (Laplache y Portalis) es una palabra utilizada frecuentemente por Freud en relación con su concepción de la temporalidad y de la causalidad psíquica: experiencias, impresiones y huellas mnémicas son modificadas ulteriormente en función de nuevas experiencias o del acceso a un nuevo grado de desarrollo. La resignificación permite tomar la historia del sujeto no con un determinismo lineal que sólo tendrá en cuenta la acción del pasado sobre el presente sino concebir como un sujeto elabora retroactivamente los acontecimientos pasados, y plantearnos que es esta elaboración lo que le confiere sentido.

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

La apelación al  constituye el llamado solidario de la escritura. Allí se vincula la historia de yo-ella con la historia de las otras. Lo que se tiene en común con las otras es la tachadura del deseo, por eso la memoria se vuelve terreno baldío, la memoria ha sido aniquilada desde la infancia por lo que lo único que quedaría sería apelar a una resignificación de la mujer a partir de la de-construcción del vacío.

La resignificación que se desprende de la escritura de Pizarnik obedece a la re-escritura en la máscara corpórea del lenguaje de otra máscara que hay que poner del reverso.

El lenguaje, lo decible es mentira, se encontraría del lado de la máscara que deviene espejo. Pizarnik habla, escribe con la otra lengua (la del cuerpo borrado, asesinado) escribir con la lengua desde y para un cuerpo de mujer. Estar atenta a las alas del deseo de una y no del otro.

Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos, en dueño, he de comprender lo que dice mi voz.

La resignificación deviene del reconocer-se que es reconstruir el lugar del crimen; desciframiento de esa voz antigua que habla en un murmullo discontinuo; es perseguir fragmentos perdidos con el lenguaje de los sueños. Es tensar-se entera para escuchar aquello que fluye desde el muro del silencio. Pizarnik intuye un puente ubicado sobre el lenguaje, más allá de él, al que si bien logra traspasarlo pareciera que la posibilidad de instalación en él no habría podido concretarse. Basta recordar el escrito que dejó sobre el pizarrón de su cuarto antes de suicidarse:

No quiero ir
Nada más
Que hasta el fondo
Oh vida
oh lenguaje
oh Isidoro.

Pizarnik escribió para la mujer desde el cadáver presentido de un cuerpo (¿el de ella?), intentando fijar en el presente aquello que su palabra instalada en el linde del silencio y al borde del des-territorio vislumbraba como el desprendimiento de la presencia de la ausencia.