“Sesenta y seis líneas son suficientes para que Borges describa la codicia de un hombre y la posible locura de otro”

Borges y el Disco:

Sesenta y seis  líneas son suficientes para que Borges describa la codicia de un hombre y la posible locura de otro. A través del narrador, que  a la vez es el personaje protagónico, conocemos una historia de homicidio y avaricia. Esta es una avaricia conciente porque el  mismo protagonista la reconoce como suya: “En la aldea, a la que ya no voy porque me perdería, tengo fama de avaro pero…”.

  En este corto espacio el escritor desarrolla una trama en la que el protagonista se desenvuelve en el nivel de semantización discursivo; él describe su forma de ser y de pensar y con el uso de la primera persona ilustra al otro personaje del cuento.

  El subsistema espacio-temporal de este cuento está muy reducido a un marco físico pequeño, pero a la vez lleva este problema a un ámbito universal. El bosque donde vive el leñador puede ser cualquier bosque del mundo y su casa también. Borges juega con las analexis y da continuos salto al pasado para contar una historia que no ha terminado y terminará cuando el leñador encuentre por fin el disco, cosa difícil debido a la ceguera del protagonista-narrador.

  Borges pone al alcance del mundo este cuento con un  lenguaje sencillo, a la vez que usa algunos términos propios de la lengua escandinava como Odín y Secgens. Pero el rey Secgens puede ser cualquier rey y Odín es conocido por casi todo el mundo.

  El autor también trata de una forma alegórica un punto universal: las diferencias religiosas. El leñador, como buen inglés después de la Reforma todavía cree en Cristo y no es un protestante acérrimo  y el extraño cree en Su Dios; Odín.

   “El disco” muestra una etapa superior en las letras latinoamericanas; ya la naturaleza no es un personaje más de la historia, en todo caso sería un personaje episódico. En personaje principal ahora es el pensamiento  de un hombre sin nombre y sin rostro, incluso sin edad, y esto es porque la avaricia y la codicia no tienen nombre ni rostros porque afectan a todos los hombres. Borges aquí se recrea en la subjetividad de este leñador, que existe como individuo solitario pero conciente de alejamiento. En él como individuo se ven los defectos de toda la humanidad.

    Borges introduce en sus relatos de un modo deliberado un cúmulo de referencias, citas y alegoría religiosas. Su narrativa constituye una verdadera encrucijada de hipótesis y de teorías. La lectura de su obra -aunque Genette imagine la crítica de Borges realizada por los compiladores universitarios semejante a la más desesperada de las empresas-  sólo aparentemente descansa en la erudición.

    La literatura de Borges, al mismo tiempo, refleja estéticamente rasgos muy profundos de la realidad argentina y universal. Este aspecto de su obra ha sido soslayado por buena parte de la crítica. Señala Rey Beckford que “La obra narrativa de Borges ilumina un mundo fungible onírico. Un mundo donde el pensamiento sólo se manifiesta como arbitrario ordenador y no conduce a la verdad, donde la esencia de la razón se revela como ferocidad destructora que se destruye. Este sentimiento de espanto ante la creación es el reconocimiento de la desdichada aventura de una razón abandonada a su pura negatividad”

Advertisements

No comments yet

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: