R. L. Stevenson en la obra de Borges

Robert Luis Stevenson

Daniel Balderston escribe:

A lo largo de los años Borges ha desconcertado a sus críticos al insistir en la importancia que tienen para él escritores como Stevenson, Wells, Chesterton y Kipling, y más a ún al declarar que toda su obra deriva de estos y otros escritores. George Steiner comenta: “Los escritores para él más significativos, que sirven casi de máscaras alternativas de su propia persona, son De Quincey, Stevenson, Chesterton y Kipling. Sin duda estos son maestros, pero de carácter tangencial”, mientras que William Gass ridiculiza a Borges por “un gusto que sigue siendo adolescente, un gusto apaciguado en un rincón tranquilo, y una mente seriamente interesada en ciertas formas dudosas o inmaduras, formas que deben ser superadas, no meramente utilizadas” como los cuentos fantásticos, las novelas de aventuras y los relatos policiales. Lo extraño de estos comentarios es que, en lugar de entender por quá Borges está “seriamente interesado” en tales escritores y sus invenciones, los críticos mencionados lamentan que no se ocupe de lo que a ellos les interesa. El juego crítico, desarrollado en numerosas entrevistas de años recientes, y al que Borges accedió con perverso deleite, es preguntarle quá piensa de Larra, Austen o Mann, con previsibles (y a menudo deleitables) ráplicas de Borges. Sin embargo, es razonable preguntarse si no sería más provechoso que la atención de la crítica se dirigiera a entender por quá Borges se interesa en los que él declara sus precursores, y de quá manera las lecturas que hizo de ellos influyeron en sus escritos. Al hacerlo cabría esperar que se llegara a un conocimiento más profundo de la inteligencia crítica y creativa de Borges, y la perspicacia con que se refiere a sus precursores podría ayudarnos a recuperar o revelar aspectos de las obras de aquellos autores que han escapado a la atención de los críticos.

En la misma entrevista en que Borges manifiesta su falta de interás por una larga serie de escritores del siglo XIX y modernos, un nombre reaparece insistentemente como el de sumaestro: Robert Louis Stevenson. Primero lo menciona entre los modelos de Historia universal de la infamia (OC, 239), y luego lo considera como “cierto amigo muy querido que la literatura me ha dado” en el prólogo a Elogio de la sombra (OC, 975). El famoso catálogo de cosas predilectas en “Borges y yo” incluye una sola referencia literaria y es a la prosa de Stevenson. El nombre de Stevenson, pues, funciona para Borges como criterio de cualidad literaria y talismán personal.

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