¿la pasión sólo dura tres años?

Por:
AGUSTINA ROBLES URQUIZA

El enamoramiento produce además un nivel de energía inusitado. Los primeros meses las parejas pasan la noche despiertos y no sienten cansancio. Entre doce y dieciocho meses más tarde, a los enamorados ya no les transpiran las manos. Se duermen más temprano y sus corazones dejan de saltar al cielo. Esta teoría biologicista explica que es natural que luego de una etapa de enamoramiento feroz, bajen los decibeles. Según este enfoque, el sistema nervioso da paso al amor calmo, mejor escenario para cuidar la primera infancia del hijo. Aquí ya no hay romance sino apego, algo muy necesario para nuestro cuerpo. Los investigadores liderados por Fisher concluyen que ese amor del que somos capaces tiene una duración relativamente corta para que el organismo no se desgaste. Matizar tanta locura es, entonces, un mecanismo de auto-conservación.
No se puede medir el amor
Desde la vereda de enfrente a esta clase de enfoques, el reconocido psicoanalista y escritor Gabriel Rolón asegura que no hay tubos de ensayos, resonancias magnéticas ni encuestas que sirvan para medir el amor. Sin embargo, Rolón coincide en que el enamoramiento es una fase, que tarde o temprano se termina. “Pretender sentir mariposas en la panza todo el tiempo es un pensamiento adolescente”, dice y remarca que igualmente algo del enamoramiento primario puede estar a lo largo de los años en una relación de pareja.
Rolón destaca que, con el tiempo,  el enamorado comienza a percibir que el otro tiene cosas que no le gustan. “Al principio, el enamoramiento es un flasheo permanente. Vemos al amado más lindo, más alto y más inteligente de lo que es”. Tras ese periodo llega uno nuevo en que el enamorado se da cuenta de que su pareja no es el ser perfecto que creyó,  y que no puede llenar todos sus anhelos.

“Es entonces que llegan las recriminaciones del tipo vos ya no sos la persona que conocí. Pero el otro es la misma persona, lo que cambió es la percepción del enamorado”. En esta fase se tiende a ver a la pareja peor de lo que es, porque el enojo magnifica los defectos.
¿Y por qué sucede, al principio, esa magnificación del otro? En su libro Encuentros (El Lado B del Amor), Rolón indica que el enamoramiento genera  ilusión de eternidad y de que el otro nos completa. Pero esa persona no existe. “Nadie puede sostenerse en ese lugar, en un tiempo más o menos largo, esa etapa cae y da paso al segundo momento en la construcción del amor, que me gusta llamar desilusión”. En el tiempo que demanda la construcción de una pareja el enamoramiento es algo que pasa “porque si no el sujeto quedaría eternamente con un déficit de amor para consigo mismo; podríamos decir, sin amor propio”.
Cuando llega la desilusión, hay peligro de querer terminar con todo y aparece el deseo de romper  la relación, porque el otro no resultó ser lo que se creía. Aquí es cuando se debe estar alerta y asumir que por más lindas que sean las mariposas, si queremos una relación adulta hay que aceptar que se van.
Una vez atravesados esos dos periodos (de ilusión y desilusión), los amantes pueden verse más parecidos a como realmente son y recién entonces podemos hablar de amor. “El amor es una construcción y es solamente el punto de partida”.

 

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