“pareciera que matan en su fantasía a una Madre que también quiere ser mujer”

El suboficial de la Prefectura Naval, delegación Paraná, Orlando Ojeda, asesinó el sábado a dos mujeres. Diario UNO de Parana / Archivo Clarín.

El suboficial de la Prefectura Naval, delegación Paraná, Orlando Ojeda, asesinó el sábado a dos mujeres. Diario UNO de Parana / Archivo Clarín.

Madre, mujer, santa y puta

El psicoanalista argentino Sergio Zabalza explica así el fenómeno en una nota en el diario Clarín del 8.11.2016: “Estos feminicidios múltiples revelan quizás algo de lo que palpita en la psiquis de estos desquiciados: pareciera que matan en su fantasía a una Madre que también quiere ser mujer”. “Al macho del siglo XXI la Toda Madre se le transforma en Toda Mujer”, dice Zabalza, y su conjetura es que el machismo asesino es el intento fallido de “neutralizar a una madre que aparece como omnipotente”.

¿Es esto consecuencia de una cultura en la que se idealiza la figura materna a tal punto de provocar una dicotomía de tal dimensión? “En Argentina existe todavía la tradición del tango, en la que la mujer es buena y maravillosa cuando es la madre y pasa a ser una puta cuando es pareja y quiere su autonomía”, opina Monique Thiteux-Altschul. “La mujer es vista, y eso sin diferencias de clase, de capas sociales ni de acceso a la educación, como una propiedad. Cuando pierde el control sobre esa propiedad, el varón se vuelve loco”, afirma. “Esto ya no es amor, es que su machismo no les permite que sean de otro. Es la posesión por la práctica sexual”, coincide Mabel Bianco.

También el aumento en el consumo de drogas, que está fuera de control desde hace algunos años, ahora hace estragos, señala la experta: “Hay numerosos casos de sometimiento a través de las drogas, y de chicas muertas por sobredosis. Las secuestran y les dan droga para violarlas en grupo.”

De todos modos, esas posibles causas no terminan de explicar la magnitud que ha cobrado la violencia contra las mujeres en Argentina. El cuerpo de la mujer se ha convertido en un campo de batalla en el que se escenifican actos totalmente deshumanizados. “Los hombres que atacan a las mujeres entran en una alucinación de poder sin siquiera pensar en que pueden ir presos. En muchos casos se suicidan después de haber matado a la mujer”, subraya Monique Thiteux-Altschul, una de las voces más importantes del movimiento feminista en Argentina. “Ahí se ve también la poca importancia que tiene para ellos su propia vida”.

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