“¿no se trata de que todo varón condescienda a ser un poco cornudo para ser el hombre de una mujer?”

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Luciano Lutereau escribe:

No obstante, ¿no se trata de que todo varón condescienda a ser un poco cornudo para ser el hombre de una mujer? En un viejo seminario de 1996, pero aun de mucha actualidad, Phillipe Julien recordaba que ya Rabelais, en el siglo XVI, decía que “Toda mujer, aunque estuviera en cierto modo satisfecha sexualmente por el hombre, siempre está como en otro lugar”. Lo interesante es que Rabelais llama a esta actitud “coquage” (de acuerdo con el tesoro de la lengua francesa: “poner los cuernos”). En definitiva, la puesta de cuernos es un rasgo inevitable del matrimonio, que nombra más bien que a una mujer no se la puede poseer (¡cuántos casos de femicidios se explican por ese deseo de posesión!), no se la puede tener “toda” (¡el pobre paga con sus celos esa impotencia!), salvo que se la tenga como perdida.

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