Hernán Neira contesta a cuatro preguntas sobre su novela “Ameland”

Hernán Neira

Hernán Neira

El escritor chileno Hernán Neira, que contribuyó a los números 12, 17  y 19 de Interlitq, contesta a cuatro preguntas sobre su novela Ameland:

Interlitq: ¿Cuál fue la estrategia de escritura de Ameland?

La elaboración de Ameland consistió mucho más en cortar y pulir que en desarrollar o alargar. No se trataba de extender, de dilatar la primera parte, sino de darle un nuevo sentido en la segunda. Quería algo muy condensado, donde nada estuviera de más. Una primera versión, aún algo extensa, ganó el premio Oscar Castro, que se da anualmente en Rancagua en honor a ese autor, que fue Premio Nacional en Chile. La primera parte funcionaba como cuento y fue finalista del Premio Juan Rulfo, dado en París, en 1990. Pero yo no estaba plenamente satisfecho, aún había hechos, párrafos o palabras innecesarios.

Interlitq: ¿Cómo fue resuelto, entonces?

Con la elección del tono subjetivo y lírico de la segunda parte, que reinterpreta la primera. Los mismos hechos, pero vistos desde el punto de vista subjetivo del narrador. Además, quise que fuese el lector quien se viese invitado a decidir, en el sentido latino de la palabra invitus, es decir, casi forzado, algunos aspectos de la novela. La segunda parte tiene por base la libertad del lector, que reconstruye en su mente lo leído en la primera parte.

Interlitq: ¿Por qué esa opción?

Los personajes están sometidos a una fuerte agresión moral de los isleños, más aun Mareika, quien llega a Ameland siendo niña. Mi hipótesis es que nadie sale indemne de una hostilidad tan prolongada e intensa sin algún daño también moral y sicológico. Ahora bien: ¿Cuánto daño, hasta dónde? ¿Hasta la locura? Eso lo decide el lector. La primera mitad de la novela es casi un homenaje a la gran novela tradicional, contada de forma lineal y objetiva. La segunda, un homenaje a la novela contemporánea, entendiendo por ello posterior a James Joyce. Una novela contemporánea ya no puede contar una realidad “sólida”, sino una realidad que se resquebraja ante un lector co-responsable de ese resquebrajamiento. ¿Escapan los personajes de la isla, logran resolver su amor, fue “real” lo que cuentan haber vivido? Muchas veces me lo han preguntado, pero sólo el lector tiene la respuesta.

Interlitq: Eso ha generado confusiones en algunos comentarios…

Las críticas son muy mayoritariamente positivas, pero hay un par que objetan que la segunda parte no entregue todo resuelto. Eso es fruto de una lectura en clave decimonónica, como una historia cuyo final le es dado en bandeja al lector. Ameland está en otra clave, en la de la libertad del autor en diálogo con la del lector. No es una novela difícil, pero no es para perezosos

 

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