“…Lacan hablaba de odioenamoramiento para describir la compleja trama…”

Jacques Lacan

Jacques Lacan

Debate.Raúl Martínez Fazzalari y Sergio Zabalza.

Son privadas las fotos o videos registrados con consentimiento de ambos en una relación íntima? ¿A quiénes pertenecen? ¿Se debe pedir consentimiento para su distribución? ¿Existe normativa al respecto? ¿Afecta el honor y la privacidad de las personas si se comparten? Estas preguntas surgen en relación a qué ocurre con las imágenes que pudieran haberse tomado durante una relación de pareja en ámbitos íntimos y las consecuencias ante un corte de la relación.
La utilización de las mismas como una nueva modalidad de extorsión, escrache o venganza multimedial se conoce como “porno venganza”. Y es la difusión de las mismas por parte de uno de los integrantes de la pareja para perjudicar, avergonzar o simplemente como despecho ante la desvinculación conflictiva. Esta acción no se encuentra descripta en el código penal, por lo tanto no le puede corresponder una pena.
Nuestra hipótesis es que la carencia de normativas para este tipo de ofensas no obedece sólo a la novedad que comporta el ciberespacio sino al carácter inasible del bien dañado. En efecto, la venganza consiste en someter al ex partenaire a la condición de objeto. “Miren de lo que me apropié y ahora ya no me importa”, podría ser el resumen de semejante exabrupto. No en vano, Lacan hablaba de odioenamoramiento para describir la compleja trama por la cual lo más anhelado es capaz de producirnos el mayor dolor.
¿Qué pasa con la persona damnificada? ¿Cuál es el bien objeto de la ofensa? Desde el estricto punto de vista jurídico, las acciones que pudieran afectar la dignidad de las personas están contempladas en el nuevo código civil y comercial. El artículo 52 dice que la persona humana lesionada en su intimidad personal o familiar, honra o reputación, imagen o identidad, o que de cualquier modo resulte menoscabada en su dignidad personal, puede reclamar la prevención y reparación de los daños sufridos. Así también y en este sentido se establece en el artículo 53 respecto al derecho sobre las imágenes que para captar o reproducir la imagen o la voz de una persona, de cualquier modo que se haga, es necesario su consentimiento.
Este consentimiento no se presume, es de interpretación restrictiva, y libremente revocable. Distinto es el caso si lo analizamos desde el punto de vista de propiedad sobre la imagen y la necesidad de su consentimiento para realizar una distribución de la misma, circunstancia que podría afectar su honor. Para este caso correspondería un daño y perjuicio de tipo civil que podría traducirse en una compensación monetaria.
Hoy, cuando un smartphone se mete debajo de una cama, los conceptos de intimidad están variando de manera vertiginosa. En nuestra opinión, no es tan importante la imagen como el deseo de dejar al semejante sin palabras, exiliada de toda dignidad.

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