“No hay personas grandes”: Lacan

Jacques Lacan

Jacques Lacan

Luciano Lutereau escribe:

“No hay personas grandes”, decía Lacan en cierta ocasión y sellaba el desencanto como afecto contemporáneo. El infantilismo se ha instalado como marca distintiva de las relaciones interhumanas. ¿Qué no puede ser perdonado? ¿De qué no puede arrepentirse un hombre? La sinceridad se ha vuelto un valor incuestionable. Se habla incluso de “sincericidios”, para nombrar como algo positivo el más trivial de los efectos: que la palabra dicha no recaiga sobre quien habla. El significante y sus consecuencias ya no tienen vigencia.

La debilitación del significante amo se verifica en un doble efecto. Por un lado, los ideales ya no prescriben los momentos para hacer cada cosa. El siglo XIX se rigió con una lógica de las “etapas de la vida”, reflejada en diferentes teorías psicológicas del siglo XX. Por cierto, todavía puede recordarse la letra de ese tango que habla de una “solterona”… de ¡30 años! En nuestros días, la incidencia de la realización simbólica del sexo ha quedado profundamente diferida. Nunca se es demasiado viejo para nada. He aquí una de las coordenadas más padecidas de nuestro tiempo: la juventud como una enfermedad crónica.

Por otro lado, que el significante amo ya no sirve a los fines de la identificación con el semejante se encuentra en la destitución de, por ejemplo, la ciudadanía como lugar de enunciación social. Aparecen figuras como la del “vecino”, que instituye en la polis el interés particular; o bien, de una manera menos desenvuelta, se aplica al espacio público la lógica del mercado, donde todos somos consumidores de servicios, con derecho a que se nos reintegre el dinero (o un resarcimiento) si acaso no estamos satisfechos.

El modo en que esta expectativa de confort coincide con una demanda propia de la infancia se atisba en el modo en que los más pequeños se convirtieron en destinatarios predilectos de la publicidad. No sólo por la diversificación de productos, sino también por la capacidad de elegir que se les supone. ¿Quién no ha visto a un niño amenazar a sus padres con denunciarlos o hacerles reconocer sus “derechos”? Sin embargo, estos derechos ya no son los del ciudadano, sino los del (niño) tirano.

1 comment so far

  1. julio a. martinez on

    Muy interesante para la discusión, Luciano; soy un lego, pero esto de considerar estos 2 significantes como “el tiempo”, uno y “espacio” el otro, como univesalización del ser, va muy bien en la cosmogonía del “niño”. Quizá sea lo natural de considerar el todo como referente profundo, cuando como contrapartida, es usado esto, (como considerás) para”endiosar” el producto, y desestimar el significado.


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