“Transgresión es cuando bajamos a la playa con la 4×4 si somos ricos u orinando en…”

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Miguel A. Decunto escribe:

Desde Durkheim se ha escrito mucho sobre la anomia, la argentina en particular, denominada por Carlos Nino “anomia boba”, ya que perjudica inclusive al violador de la ley. Los argentinos que no ignoramos la función de la ley y su importancia, exigimos de la ley que no se nos aplique, ya que no deseamos ser ciudadanos que se sometan a ella para ser libres en sociedad, sino reyes que están por encima de ella. El resultado, es que terminamos inevitablemente siendo siervos de los reyes que votamos y que se ponen por encima de la ley y la Constitución apenas toman el poder.
El objetivo de la estrategia anómica argenta es evidente: vivir en el mejor de los universos posibles, en el que los otros cumplen con la ley mientras nosotros pasamos semáforos en rojo, evadimos impuestos y nos dedicamos a enriquecernos apenas tenemos la oportunidad de acceder a un cargo público. Transgresión es cuando bajamos a la playa con la 4×4 si somos ricos u orinando en el portal ajeno si somos pobres.
El ya desaparecido Néstor Kirchner, dijo: “A los jóvenes les digo: sean transgresores”, declarando la caducidad del sanmartiniano “serás lo que debas ser”. Y así la sociedad entendió de inmediato el mensaje: vía libre y sálvese quien pueda.
Y nada de lo kirchnerista es ajeno al peronismo, cuyas tres máximas de comportamiento histórico siempre han sido: 1) No hacerme cargo nunca de los propios errores. 2) Vivir en una nube de leyenda y relato independiente de las realidades, sueños o delirios imposibles a contrapierna de la lógica y el buen sentido y del resto de los países que progresan en base al trabajo y no esperando el maná del cielo panza arriba. 3) Violar la ley sin culpa, en propio beneficio y en nombre de objetivos superiores (“Sean transgresores. Tienen que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo”).
Para algunos argentinos de hoy la ley es fascismo y el orden, de derecha. Para la “maravillosa juventud” que comenzó con petardos y terminó armando artefactos explosivos, hubo y hay complicidad o anuencia de los peronistas no K, hasta que por ahí estos últimos noten que el Frankestein no sólo se les escapa de la mano, sino que amenaza su propio mundo de anomia y enriquecimiento fácil, terminando como en los setenta con los resultados por todos conocidos.

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