“…se instala la perversión de lo femenino, eso que Lacan llamaba el ‘servicio sexual’…”

“Filosofía del tocador”, de René Magritte.

“Filosofía del tocador”, de René Magritte.

Luciano Lutereau escribe:

Ahora bien, ¿qué equivalente de esta exigencia simbólica encontramos en el caso de la mujer? La respuesta freudiana es conocida: la maternidad. Sin embargo, por esta vía se instala la perversión de lo femenino, eso que Lacan llamaba el “servicio sexual”, por el goce al que el niño sirve. Otra posición femenina (en el sentido de otra toma de posición respecto del Otro sexo) la encontramos en la histeria, pero esta vez respecto del deseo. ¿Qué quiere una mujer?, es la pregunta histérica que, en todo caso, eleva al estatuto de síntoma que no haya un acto que realice el ser femenino como sí lo hay en el caso de la masculinidad. Lo femenino se dice de muchas maneras, hay modos diferentes de responder a ese enigma que es tal porque no hay una efectuación posible.

De esta manera, el hombre queda confrontado con una realización (de lo) imposible, mientras que en el campo de lo femenino encontramos una derivación de lo contingente, un conjunto abierto, dado que no hay asunción de La mujer. Por eso, la otra cara de la máxima “No hay relación sexual” radica en que afirmar que “La mujer no existe”.

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