“La paranoia social y la segregación llevan a lo peor…”

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Pablo Minini escribe:

Analizando el nazismo y el fascismo italiano, Lacan hablaba de la paranoia social y de su hermana, la segregación. El otro es otro absoluto, imposible de ser conocido. No se reconocen sus gustos, costumbres e idiosincrasias, porque pensar que hay algo diferente de “nosotros” cuestiona nuestros gustos, nuestras costumbres, nuestra idiosincrasia. El narcisismo de las pequeñas diferencias y las condiciones materiales son las grandes resistencias a poder pensar al otro.

El otro indigente, extranjero o desocupado crónico es amenazante en tanto denuncia la debilidad del sistema de organización laboral del que queremos formar parte para no quedar desamparados. El Otro echa a correr la falacia en todos los medios de comunicación que tiene a mano y en todos los ámbitos de trabajo: el capitalista, el dirigente, es un intocable, porque si lo tocamos tal vez nos quedemos sin trabajo (“andate, hay cien haciendo fila para entrar en tu lugar y que cobran la mitad que vos”, ¿los interpelaron de esa manera alguna vez?). Es más tranquilizador competir con el que es nuestro par por el lugar en el sistema. Se multiplican las frases: “Vienen a matarse el hambre”, “vienen a sacarle el trabajo a los argentinos”, “vienen a vivir de arriba, son vagos y lo llevan en los genes”.

La paranoia social y la segregación llevan a lo peor; ya hemos tenido más que varios botones de muestra en la historia. El extranjero, el desocupado, el loco, la mujer, el niño, el adicto: todas versiones, con sus matices cada una, de lo que es el otro absoluto para la norma burguesa, la norma del macho, la norma del cuerdo. Y cuanto más en crisis está el sistema mismo, más miedo siente la burguesía y más fuerza tienen sus ataques.

Ya se sabe: un burgués con miedo es capaz de lo que sea.

El psicoanálisis descree e interpela a los Amos. O mejor dicho, sería interesante que lo hiciera. ¿Por qué un psicoanalista evitaría darse el lujo de hablar ante cualquiera de esas propuestas que propagan los millonarios candidatos? O mejor: ¿Por qué un psicoanalista rechazaría su responsabilidad social de hablar, cuando el tiempo que le toca vivir exige su voto, pero también su voz?

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