“El inconsciente lacaniano no es el mismo que el descubierto por Freud”

mario-luna-seduccic3b3n-y-subconsciente-21

Luciano Lutereau afirma:

El inconsciente lacaniano no es el mismo que el descubierto por Freud. En sentido amplio, podría decirse que para este último el inconsciente implica una instancia de significaciones pretéritas e intrapsíquicas, mientras que Lacan con su topología habría puesto en cuestión la idea de un inconsciente interior, profundo, etc. Pero este tipo de aproximaciones es superficial cuando no se atiende a un aspecto crucial: el inconsciente después de Lacan supone una revisión de la noción de causalidad, cuyo valor ético es el que quisiéramos destacar en este breve artículo.

Para Freud, el inconsciente era una instancia de determinación. Esta perspectiva es la que se corrobora en su concepción de Otra escena, que explica la situación presente. Es lo que puede advertirse, por ejemplo, en el caso Dora cuando Freud apunta a buscar otra circunstancia que haga inteligible la escena del lago. Hasta que no encuentra la escena de la tienda (en la que Dora es besada sorpresivamente por el señor K) Freud no se queda tranquilo. El inconsciente freudiano es explicativo, procede por “sobre-determinación”, y encuentra su modelo paradigmático en el sueño: esa formación que puede ser analizada en función de un contenido manifiesto que, a través de una tarea de desciframiento, conduce a pensamientos latentes.

Sin embargo, para Lacan el modelo del inconsciente ya no es el sueño, sino el acto fallido. Esto es particularmente notorio a partir del seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. El gran paso lacaniano no está en haber recurrido a la estructura del significante para dar cuenta del descubrimiento de Freud. En efecto, incluso en los primeros seminarios Lacan enfatiza la vía de la determinación; pero luego de este seminario, la orientación se modifica. Pensemos en el acto fallido, que para el sentido común se explica a partir de restituir una “verdadera” intencionalidad en el error. Eso sería decir que se quiso decir lo que en realidad se dijo. No obstante, nada más lejos de la experiencia analítica. El valor del acto fallido radica en que abre la pregunta por un decir que, repentinamente, se hace presente. “¿Qué quise decir cuando dije…? ¿Por qué dijo esto y no lo quería decir?”. De este modo, el valor de esta formación del inconsciente no apunta a una intencionalidad oculta, sino que defrauda toda intención posible… y, por esta vía, abre el camino a la presencia intrusiva y parasitaria de un deseo anónimo. Porque, en sentido estricto, no hay sujeto del deseo (en el sentido de un agente del deseo) sino una sujeción ante la indeterminación del efecto de lenguaje. Esto es lo que llamamos “división subjetiva”. Si el inconsciente freudiano avanzaba por determinación, el inconsciente de Lacan se realiza a partir de la indeterminación que nombra al sujeto, para que ése sea el lugar desde el cual interrogar la posición ante el (un) deseo.

No comments yet

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: