¿Es válido el psicoanálisis?

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Javier Sampedro escribe:

Sigmund Freud no era un hombre modesto. Pensaba que la posición de la humanidad en el mundo había recibido tres grandes destronamientos en la historia del conocimiento. El primero era el de Copérnico, que nos había expulsado del centro de la creación para dejar al Sol ese empleo geométrico; el segundo era el de Darwin, que nos había expulsado del paraíso en el que Dios nos había creado a su imagen y semejanza. Y el tercero era el suyo propio, el de Freud, que nos había deportado del centro de nuestra misma mente al revelar que, las más de las veces, esté ocupada por un ejército de demonios de los que ni siquiera somos conscientes. Copérnico, Darwin y Freud, así se resume la historia de la ciencia. Eso es autoestima, doctor.

¿Es el psicoanálisis una ciencia? Antes de responder, consideremos lo que dijo Freud de sí mismo en 1900: “Lo cierto es que no soy un hombre de ciencia en absoluto, solo soy un conquistador por temperamento, un aventurero”. Ya ven que, según ese criterio, el psicoanálisis no es una ciencia. Y según otros criterios tampoco lo es: ni se lo propone, ni cumple los requisitos mínimos, ni ha servido de gran cosa a la ciencia posterior. Es probable que haya tenido mucha más influencia en las artes, desde Dalí hasta Woody Allen, y con mención especial a Hitchcock y su Marnie la ladrona. No en la ciencia. Pero esto es solo la mitad de la historia. Porque la ciencia bebe de muchas fuentes, y los pensadores visionarios han tenido su influencia, a veces crucial, en el gran marco de las cosas. Buenos ejemplos son el efecto detonante que tuvo la obra del reverendo y economista Robert Malthus en la concepción de la teoría de la selección natural por Darwin; la importancia clave de la lectura de los filósofos David Hume y Ernst Mach para empujar a Einstein a considerar la posibilidad de que el tiempo pudiera dilatarse; o el gatillo que supuso un libro filosófico de Erwin Schrödinger—¿Qué es la vida?— en los inicios de la biología molecular. En ese sentido, puede que Freud haya tenido más relevancia de lo que la mayoría de los neurocientíficos actuales parecen dispuestos a concederle.

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