Una apasionada por la Psicología que siempre buscaba ayudar

El afiche con el reclamo de justicia de la familia de "Mell".

El afiche con el reclamo de justicia de la familia de “Mell”.

Melisa Tuffner iba a cumplir 23 años en noviembre. Estaba en tercer año de Psicología en la UBA y, cuando la atacaron, estaba estudiando para rendir un parcial. Según su familia, desde los 12 años ya sabía que quería seguir esta carrera: leía libros de Freud y era una apasionada del tema.
En paralelo, “Mell” ayudaba en el almacén que tiene su padre. Ahí, recuerdan, solía hablar con los vecinos sobre sus problemas e incluso en una oportunidad asesoró a la familia de un chico al que le habían diagnosticado TGD (trastorno generalizado de desarrollo). Para juntar unos pesos extra, los viernes y sábados trabajaba en un local de venta de ropa de Guernica. El domingo en el que la atacaron llevaba en un bolsillo los 250 pesos que había cobrado ahí el día anterior: el asesino no los tocó.
Su familia donó sus órganos. Es que su padre recordaba que una vez, cuando ella tenía 12 años, una maestra le había contado en el colegio la importancia de ser donante y desde entonces siempre repetía que quería hacerlo.
Uno de sus hobbies era hacer acrobacia y practicar tela en el centro cultural de Glew al que estaba yendo a colaborar en una exhibición cuando la atacaron. Fanática de Silvio Rodríguez y de Callejeros, también le gustaba mucho hablar de política, aunque no militaba. Amaba participar en la organización de modelos de la ONU en escuelas secundarias y había presentado un proyecto para hacer lo mismo con Unasur. Solía asistir a todo tipo de eventos solidarios y el Día del Niño del año pasado había participado de un reparto de juguetes a chicos carenciados en el que le sacaron una foto con una nariz de payaso, que ahora su familia usa para pedir justicia. Era fanática de Temperley –”cuarta generación de hinchas”, remarcaba– y seguía al equipo a todos lados. Cuando no se permitía el ingreso de visitantes, muchas veces se camuflaba para entrar igual a la cancha. Estaba involucrada en la vida del club, donde hasta le había ido a pedir al presidente que le diera más espacio a la actividad de patín. Por eso allí su muerte pegó tanto.

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