“La comparación entre pederastia y violación de los límites en la relación entre terapeuta y paciente no es exagerada”

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Elena Cabrera escribe:

Freud decía que los psicoterapeutas son como químicos que trabajan con sustancias altamente inflamables Ese material explosivo es la psique de la persona con fragilidad emocional que llega pidiendo ayuda a una consulta. “El paciente convierte a su terapeuta en una figura de autoridad y conocimiento -dice la psicóloga Mariela Michelena- y se coloca a sí mismo en una posición infantil y regresiva. Por ello, cualquier abuso por parte del terapeuta se puede considerar al nivel de la pederastia, ya que no es una relación entre adultos, sino jerárquica. Constituye un auténtico abuso de poder”.

Los excesos que denuncia la madre del heredero de la Casa de Alba se iniciaron, supuestamente, hace 30 años. Y se mantuvieron en el tiempo. ¿Por qué nadie lo denunció hasta tanto tiempo después? “Hay quien prefiere no hacerlo porque se siente culpable -explica Michelena-, como pasa con los niños que han sufrido abusos. El agresor se aprovecha de que la paciente se sienta la elegida. Desde el psicoanálisis, se puede interpretar que, desde la perspectiva infantil, hay algo de haber conquistado al padre”. Pero las consecuencias son graves: las abusadas “son mujeres que se quedan sin ayuda y, además, salen más confundidas y perturbadas que cuando entraron”.

La comparación entre pederastia y violación de los límites en la relación entre terapeuta y paciente no es exagerada. Fernando García-Solano, psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, la refrenda. “Y nunca es gratis -dice; ni para la víctima, ni para el profesional-, cuyo prestigio es lo primero que vuela por los aires”.

Mucho más que prestigio perdió el psiquiatra del sistema público sanitario catalán Juan Santiago Sánchez Zalacaín, cuando, en 2004, fue condenado por abusar sexualmente de cuatro pacientes. Según el médico, las abrazaba y las besaba para transmitirles energía positiva. Por dos delitos de abuso y dos faltas de vejaciones se le impusieron multas por valor de 6.450 €, indemnizaciones de hasta 6.000€ y un año de inhabilitación. Tenía 60 años.

En ocasiones, derivaba a las pacientes a su consulta particular, donde las atendía echando la llave. Una de ellas relató en el juicio que la hacía tumbarse en la camilla con el torso desnudo. Él se tumbaba detrás, también semidesnudo, besándole la nuca y la espalda mientras le decía que la quería. Años después, se incorporó a la sanidad privada en una clínica de Granollers.

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