“…la modernidad emerge a partir de la segregación de la locura…”

locura

En “Los ridículos senadores policiales y el mediático semblante racista”, Luis Carlos Muñoz Sarmiento y Luís Eustáquio Soares afirman (Rebelion):

 

2. Lacan, Foucault y el decreto celestial del racismo oligárquico gringo 
Esta última hipótesis puede ser entendida dialogando, por ejemplo, con el Foucault de La orden del discurso (1970), libro basado en la clase inaugural del Collège de France, a partir del cual es posible leer los siguientes argumentos del autor de La arqueologia del saber (1969): 1) la modernidad emerge a partir de la segregación de la locura, pudiendo ser entendida tanto en el sentido literal, con el surgimiento de hospicios para internar a “los locos”, como en sentido figurado, si se considera que todas y todos los que no encajen en la norma de la modernidad eurocéntrica son potencialmente sospechosos de locura; sospecha que corresponde a otra forma de racismo; 2) la modernidad fue igualmente tejida y entretejida teniendo en cuenta la prohibición del sexo y de la política, lo que significa decir con la prohibición de las sexualidades, lo que incluye una prohibición, aunque heterosexual, de la sexualidad femenina, pues la norma es patriarcal, así como una prohibición de la política, entendida como la política de los pueblos que se rehúsen a disfrutar el gozar-de-más del decreto celestial de una época determinada; 3) la modernidad fue orquestada a partir de la voluntad de verdad o voluntad de saber, términos indiscernibles que pueden ser traducidos como el lugar del conocimiento universitario, legitimado para estudiar, seleccionar, clasificar y establecer juicios sobre la primera y la segunda segregaciones, la del loco y la del sexo-política.

A partir de ahí será posible establecer el lugar que ocupa el discurso universitario en la estructura del semblante propuesta por Lacan, porque lo que argumentaba Foucault respecto a la voluntad de saber es que esta se volvió la instancia, legitimada por el Estado, para definir al loco, a la sexualidad llamada “impropia” (por inadecuada) o maldita y también a la “mala política”, constituyéndose, digamos, como el espacio epistemológico (el que usualmente llamamos ciencia) que incorpora el decreto celestial, en la modernidad, autorizando “las buenas naturalezas” y desautorizando “las más”.

El gozar-de-más, bajo este punto de vista, siendo el lugar del maestro viene o es impulsado por el conocimiento universitario, así como el patrón se enriquece con la extorsión de la plusvalía del trabajo producido por sus empleados o, en términos de Lacan, por sus esclavos. Ambos, el conocimiento universitario y el esclavo, disfrutan el gozar-de-más del maestro o del señor. He ahí el semblante racista de un momento dado.

En el Seminario 18, Lacan asevera que “el hsing no tiene la más remota posibilidad de que nos encontremos en esta cosa terriblemente difícil de conseguir, de acompañar de cerca, llamado gozar-de-más. Si es tan resbaladizo, no facilita la comprensión. Ciertamente, no es a esto que hemos de hacer referencia cuando se habla de subdesarrollo” (LACAN, 2009: 50), pista a partir de la cual no sólo es posible inferir que hsing, la naturaleza, se inscribe como el locus del subdesarrollo sino también, por extensión, del trabajo colectivo, del disfrute: instancias, aún con Lacan, “no fabricadas para no funcionar” (LACAN, 2009: 50), tal es su relación con el subdesarrollo.

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